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Etnias

El origen de las razas humanas

Si la vida de nuestro planeta tuviera sólo una hora de antigüedad, el hombre habría estado presente en los últimos tres segundos. De ahí que pueda considerársele como un recién llegado a la evolución terrestre.

Veamos el origen de las razas humanas a nivel mundial y cómo y cuándo se produjeron las diferencias raciales.

La historia de la vida sobre la tierra está hecha de cambios incesantes, rápidos en ocasiones, lentos y graduales otras veces, producidos a lo largo de unos cuatro mil millones de años.

En este inmenso espacio de tiempo aparecieron organismos tan dispares como la zanahoria y el conejo que se nutre de ella, y se desarrollaron formas de vida cuya complejidad abarca desde la ameba unicelular hasta el cuerpo humano.

TODAS LAS FORMAS DE VIDA, SALVO RARAS EXCEPCIONES HAN EXPERIMENTADO CAMBIOS DESDE SU APARACIÓN

Sin embargo, las modificaciones más espectaculares se iniciaron sólo hace unos 700 millones de años, ¡¡ayer mismo, para lo que es la historia terrestre!!Desde entonces se han ido acelerando los cambios evolutivos, mientras aumentaba la complejidad de las formas de vida y se ampliaba notablemente su gama de variedades.

La capacidad de reacción ante los estímulos externos es fundamental para la existencia de vida. Gracias a esta adaptabilidad, el hombre se transformó en lo que es hoy, dando lugar a distintas razas de personas.

 

¿Por qué existen las razas humanas?

Para determinar por qué evolucionan las criaturas y a qué se debe la existencia de tantas especies de mamíferos como los roedores, felinos, primates, será preciso repasar los hallazgos biológicos y   paleontológicos   de   los últimos 100 años, posibilitados por la monumental obra de Charles Darwin, El origen de las especies.

Gracias al perfeccionamiento de los estudios sobre el proceso evolutivo, hoy podemos distinguir como mínimo tres factores causantes de la diversidad racial en el género humano.

  1. La selección natural.
  2. Selección por aislamiento y la deriva genética.
  3. Selección sociocultural.

 

La selección natural.

La teoría de la selección natural es la clave que permite comprender la evolución. Nadie mejor que el propio Darwin para resumirla:

“Todo ser que experimente alguna variación provechosa, sea ésta pequeña o grande, mejora sus posibilidades de supervivencia en condiciones ambientales nuevas o más complejas”.

Igualmente será cierto lo contrario, pues la inadaptabilidad de una especie puede acelerar su extinción.

Pocos conceptos científicos han resistido tan bien las críticas como el de la evolución de las especies.

Hoy sabemos que Darwin acertó en lo básico y se equivocó en lo relativo a la mecánica de las variaciones, pues estimó erróneamente que el ser vivo legaba a sus descendientes las características físicas debidas a influencias ambientales y al diverso empleo de sus órganos.

El hombre evolucionó efectivamente desde formas inferiores y, como sabemos, las variaciones del organismo humano le han permitido  sobrevivir  en condiciones ambientales nuevas y en diversas regiones del globo, desde los polos hasta los trópicos.

La labor de Gregor Mendel (1822-84) y Hugo De Vries (1848-1935), fundadores de la genética, comenzó a aclarar las cuestiones relativas a los procesos de la variación orgánica.

De sus trabajos surgiría el descubrimiento revolucionario del carácter de las células reproductoras y la teoría genética, perfeccionada en 1953 por Watson y Crick al demostrar que cierto componente químico de los cromosomas, presentes en todas las células sexuales,  es el principio portador de la herencia.

Esta sustancia, el ácido desoxirribonucleico o DNA contiene gran número de instrucciones o códigos incorporados, determinantes de la herencia individual. Como cualquier sustancia química, el DNA es sensible a las radiaciones, los cambios de temperatura y la influencia de otros compuestos.

A esta sensibilidad se deben las modificaciones de los organismos, que a su vez posibilitan el proceso de la selección natural.

 

Por qué varia el color de la piel de unas personas a otras

De todas las características raciales, la que mejor se detecta y la más espectacular es la coloración de la piel.

Los cambios en la pigmentación cutánea se produjeron en los primeros tiempos de la prehistoria humana.

Antes se creía que el hombre apareció en la Tierra hace unos 50.000 años, por lo cual los rasgos raciales eran relativamente modernos. Sin embargo, hoy se estima mucho mayor la antigüedad del Homo Sapiens, e igualmente se considera que las variaciones raciales debieron producirse con cierta frecuencia entre sus predecesores, como el Homo Erectus y otros.

Considerando la existencia de fósiles humanos con 25.000 años de antigüedad, diseminados por regiones tan alejadas entre sí como Pekín, Java y el África oriental, y teniendo en cuenta la teoría de que el clima determina el color de la piel, cabria pensar en un origen bastante remoto de las características raciales.

 

Motivo principal del color de la piel de las personas.

Si esto es cierto, ¿qué papel desempeña el clima en la pigmentación cutánea, y cómo se relaciona el color de una persona con la selección natural?

Estas incógnitas las resolvió parcialmente C. L. Gloger con su regla de la adaptación biológica al medioambiente.

Según ésta teoría en el cutis de los mamíferos y pájaros de zonas cálidas y húmedas abundan más las melaninas que en el de sus congéneres de otras zonas. Al mismo tiempo que en los animales de territorios áridos se observa una acumulación de feomelanina amarilla y pardorrojiza.

Basándose en las deducciones de Gloger, relativas a las alteraciones observadas en aves y animales terrestres, el antropólogo Carleton Coon asevera que asimismo pueden aplicarse para explicar la diversa coloración de los humanos.

La mayor cantidad de melanina se halla en el origen de la raza negra. Este pigmento absorbe las radiaciones ultravioletas sin perjuicio para el organismo, de forma que el individuo de piel obscura residente en los trópicos está mejor dispuesto para la supervivencia que los blancos.

Estos, por su lado, aprovechan mucho mejor, para su transformación en vitamina D,  los rayos ultravioletas parcialmente enclenques de las zonas temperadas.

La alta incidencia del cáncer de piel entre los blancos establecidos en los trópicos y la inevitable necesidad de complementar las disponibilidades de vitamina liposoluble D entre los negros que habitan zonas considerablemente más septentrionales confirman tanto la regla de Gloger como el principio de la selección natural.

De hecho, la enorme mayoría de los pueblos de raza negra, negros africanos, melanesios o indios meridionales han habitado y siguen habitando a veinte o menos grados del ecuador

Los críticos de esta teoría apuntan ciertas salvedades bien conocidas, como el hecho de que determinados negros africanos habitan en bosques lloviosos tropicales, donde la espesa cúpula vegetal apenas deja resquicios para la luz solar.

Por otro lado, la tez de los indígenas sudamericanos y del Asia sudoriental es parcialmente pálida.

 

Diferencias físicas entre las razas de personas.

Las diferencias físicas entre las razas humanas son atribuibles parcialmente a la selección natural, como lo prueban muchos casos de diferencias físicas entre las grandes familias del género humano. Entre estas variaciones tenemos.

  • El color y estructura del pelo.
  • Longitud de las extremidades.
  • Acumulación de grasas subcutáneas.
  • Forma de los párpados

Estas son solo ciertas alteraciones ventajosas de las que mencionaba Darwin, merced a las que ha sido posible la supervivencia.

Por poner un ejemplo, el color y estructura del pelo parece cumplir funciones paralelas a las de la coloración cutánea.

Los miembros altos y delgados, rasgos muy usuales en las razas tropicales, facilitan la liberación de calor. Por contra los esquimales, de forma perfectamente amoldados al frío ártico, preservan el calor anatómico merced al grosor de su piel, sus muñecas, tobillos y párpados.

Los habitantes de zonas montañosas conservan dilataciones pulmonares y cardiacas, disponen de mayor cantidad de sangre y ésta tiene más y mayores glóbulos rojos que entre los pueblos de las tierras bajas.

Por ende, están mejor adaptados para la vida en zonas donde la capa atmosférica es más tenue.

 

El origen de la raza por aislamiento y la deriva genética.

Otro proceso esencial en la capacitación de las razas es la llamada deriva genética. En el momento en que un grupo  de animales queda apartado geográficamente de sus congéneres, es extraño que siga teniendo el potencial genético completo de su especie.

En tanto se sostenga el aislamiento, no va a poder reproducir todas y cada una de las posibilidades biológicas del grupo principal, y aunque disponga de todo el potencial genético originario, es poco probable que lo tenga en porcentajes idénticos al tronco paterno.

Por lo que respecta al género humano, muchas alteraciones físicas, sobre todo las observadas entre grupos geográficamente distantes, pero de un mismo leño racial,  pueden atribuirse a la deriva genética.

Un caso sería la comparación entre chinos y amerindios, considerados como ramificaciones del tronco mongoloide.

El poblamiento de América empezó con la llegada de pequeñas bandas nómadas provenientes de Siberia, que cruzaron el estrecho de Bering sobre témpanos flotantes aislándose de este modo del resto mongoloides.

Muchos siglos después, la frecuencia de algunos grupos sanguíneos entre los americanos se ha distinguido de la que prevalece en el tronco originario.

En la cuenca del Huang-Ho, en el norte de China, el 31% de la población tiene sangre del conjunto A, que solo se halla en el 7% de los siux y en el 25% de los tobas sudamericanos.

Todavía son mayores las discrepancias entre los modelos B y AB. El 18% de los chinos tienen el B, al paso que no se da entre los tobas y solo alcanza un 2% entre los siux. En lo que se refiere al AB, las cantidades son 7% para los chinos y 0 para los amerindios.

 

La selección sociocultural.

La selección social y cultural es el tercer factor que influye en las modificaciones raciales del género humano.

Gregario por naturaleza, el hombre siempre ha buscado la convivencia en colectividades, como lo prueba el que nuestros más recónditos ancestros ya se organizaban en grupos independientes de cazadores y colectores.

Es muy posible que en estos grupos, por norma general endógamos, apareciesen reglas sociales fundamentadas en cualidades físicas como la habilidad, el vigor, la inteligencia o bien la belleza.

Si una sociedad estableció que el ideal femenino era la mujer pequeña y regordeta,  otras estimaron que la compañera perfecta había de ser alta y delgada. Es prácticamente seguro que, en estos grupos primitivos, los varones más influyentes gozaran de prioridad en el momento de seleccionar pareja.

En consecuencia, siendo las más apreciadas, estas “mujeres ideales” debieron alumbrar hijos a edad más temprana y con una mayor frecuencia que el resto del mismo grupo social.

Habitualmente, la selección cultural no se corresponde a las conveniencias de la selección natural. La amplitud del tórax o bien las caderas, la manera del pelo, ciertas cualidades del pene y el clítoris pueden apuntar rasgos culturalmente valiosos, si bien no sean producto de la selección natural.

La repercusión selectiva de las etnias se encuentra en todas y cada una de las sociedades humanas, y desde los tiempos más recónditos.

Cualquier grupo puede despreciar o bien supervalorar a ciertos miembros, en atención a su habilidad, clase, ascendencia, religión, todo lo que ha influido en la capacitación de diferencias raciales.

Para finalizar, estas variedades se deben al cruce de individuos de diferente origen.

El contacto sexual y la aparición de mestizos han sido parte inseparable de toda ocupación militar prolongada, o bien de la colonización de territorios conquistados. En países como el Brasil, la trata de esclavos y otros movimientos colectivos a lo largo de la época colonial han tenido muy claros efectos raciales.

Como dijera Darwin,

“La supervivencia exige alguna variación provechosa, sea ésta pequeña o grande para mejorar las posibilidades de seguir existiendo en condiciones ambientales nuevas o más complejas”

 

Principales tipos de razas humanas y sus características.

Las razas humanas podemos clasificarlas de la siguiente forma.

 

Europea, características de la raza blanca

Raza blanca europea

El semblante europeo se identifica por la finura de labios y nariz, adaptaciones en los dos casos a un tiempo parcialmente seco, en donde el aire debe humectarse ya antes de entrar en los pulmones.

Si los labios fuesen más gruesos, la sequedad atmosférica los resquebrajaría de forma fácil.

 

América, razas americanas humanas

Unos 20.000 años tras su llegada a América, provenientes de Asia, los amerindios aún comparten muchas peculiaridades del tronco mongoloide. Entre estas similitudes se encuentran la escasa longitud de los miembros y el acusado pliegue palpebral (epicanto), habituales adaptaciones a las bajas temperaturas ambientales.

La preservación de estos rasgos en el nuevo hábitat americano, en una gran parte tropical, prueba que la adaptación demanda bastante tiempo.

 

Negroide, personas de raza negra.

La escasa vellosidad y unos labios voluminosos, rasgos propios de los pueblos negroides que deben subsistir en un tiempo húmedo y caluroso, forman la máxima evolución famosa desde los primeros ancestros del hombre.

La melanina es un pigmento obscuro que resguarda el cuerpo de los perjuicios causados por la fuerte insolación del África tropical.

 

Australoide – Raza australiana características

Raza australiana

La constitución obscura y la nariz ancha del australoide permiten su supervivencia en zonas húmedas de fuerte insolación.

Es muy posible que los australoides evolucionasen en las zonas tropicales de Asia meridional.

 

Bosquimanos, características principales.

Los bosquimanos descienden de los pueblos capoides que ocuparon en tiempos recónditos una gran parte de África.

Como los andamaneses, amontonan grasa en las nalgas y su pelo crece a mechones apartados como granos de pimienta.  La estatura media de los andamaneses, habitantes de un archipiélago del océano índico,  apenas llega a los 150 centímetros. La esteatopigia o bien acumulación de grasa en las nalgas resulta de enorme utilidad en zonas sometidas a epidemias de hambre

 

Mongoloides, raza asiática, características principales.

El semblante aplastado y el pliegue palpebral —que proporciona a los ojos del mongoloide su característica forma almendrada— son protecciones eficientes para el habitante de zonas frías y secas. Estas adaptaciones son clara rastro de un origen muy septentrional.

 

Esquimales características principales.

Los esquimales tienen una talla media de ciento sesenta centímetros. La pequeña estatura y la capacitación de grasas subcutáneas, adaptaciones para preservar el calor en tiempos fríos, les han tolerado subsistir en zonas exageradamente heladas para otros pueblos.