Categories Viajes etnias

Medicina Tradicional – Historia y Ejemplos

La medicina tradicional y las técnicas de sanación modernas persiguen exactamente la misma finalidad. Presentan un proceso semejante de diagnóstico y comparten algunas formas de tratamiento. Las diferencias entre las dos radican en la explicación de las causas de las enfermedades.

La sanación de las enfermedades ha sido siempre una de las preocupaciones primordiales de la humanidad.

Aunque si equiparamos los métodos de un médico o un cirujano occidental con los procedimientos de un hechicero o un chamán de alguna tribu primitiva, resulta bastante difícil opinar que unos y otros tengan algo en común.

Y pese a todo el médico de nuestra sociedad y el chamán comparten unos mismos objetivos, un diagnóstico afín, un tratamiento equivalente e inclusive cierto grado de eficiencia.

Diferencias entre medicina tradicional y medicina moderna.

Las diferencias primordiales radican en el procedimiento y en las causas a las que se atribuyen las enfermedades.

Todos y cada uno de los sistemas médicos se enfrentan con enfermedades que parecen no tener causas perceptibles. Y si bien los occidentales estamos familiarizados con los virus y las bacterias, invisibles a simple vista, no debemos olvidar que la idea de que las enfermedades se deben a organismos patógenos es muy reciente.

Las diferencias entre un hechicero y un médico occidental radican en las explicaciones que uno y otro dan para las diferentes enfermedades, como en los tratamientos prescriptos para sanarlas.

Si bien menos efectivos, tal vez, que los médicos occidentales, logran asimismo curaciones sorprendentes.

Historia de la medicina tradicional.

Solo gracias a muchos años de observación científica, ensayos incesantes y también instrumentos como el microscopio nos han permitido llegar a este conocimiento.

Pero no siempre se ha dispuesto de estos recursos tecnológicos. En verdad, a lo largo de la mayoría de la historia de la humanidad, los médicos se han visto obligados a tantear en la obscuridad.

Se pensaba que la mayoría de las enfermedades se debían a ciertos seres vivos, reales pero invisibles. Pero por otro lado se les suponía considerablemente más personales, humanos e inclusive espirituales de lo que eran.

Todo tratamiento médico comienza por un diagnóstico. Tras la observación de los síntomas se determina su causa probable.

MUCHOS PUEBLOS TRIBALES, COMO LOS CHIMBU DE NUEVA GUINEA VEN EN LAS ENFERMEDADES INVISIBLES EL RESULTADO DE ALGÚN HECHIZO DE BRUJERÍA, CON LO QUE DEJAN SU CUIDADO AL CHAMÁN.

La moderna medicina occidental cuenta para esto con la ayuda de una ciencia, la patología.

El médico de hoy en día puede estudiar los procesos que se generan en el cuerpo humano usando métodos que no están al alcance de muchas sociedades primitivas. También puede clasificar las enfermedades conforme sus causas y peculiaridades, en lugar de guiarse solo por los síntomas.

Un médico occidental no distinguirá en un principio por ejemplo una enfermedad que genera vómitos de otra que cause hemorragias, pues sabe que exactamente la misma enfermedad que hace devolver a un paciente puede presentar hemorragias en otro.

Y sobre todo no va a tomar en cuenta los factores psicológicos que concurren en el enfermo. Si un paciente pregunta a su médico el motivo de su enfermedad, este le hablará de infección, contagio o bien algo similar, dejando los problemas psicológicos para los psicólogos o incluso para los teólogos.

Esta forma especializada de abordar el diagnóstico es posible gracias a la nosología. En los lugares donde esta ciencia no se conoce, como en todas ocurre en las sociedades primitivas, las enfermedades se explican y se diagnostican conforme criterios morales y motivacionales.

El diagnóstico en las sociedades primitivas.

En estos supuestos se prescinde de la relación de causa a efecto, y si un hombre cae enfermo la primera cosa que se pregunta es: ¿Quién deseaba ocasionarle daño? ¿Quién tenía motivos de rencor contra él?

Las contestaciones posibles a preguntas de esta clase son muchas. La enfermedad ha podido ocasionarla un enemigo, un familiar fallecido que se siente olvidado o tal vez un espíritu molesto con la víctima por el hecho de que ésta ha cortado el árbol o ha contaminado el río donde habitaba.

En estos casos,  el diagnóstico exacto o la identificación del enemigo que ha ocasionado la enfermedad no lo puede hacer cualquiera, sino más bien alguien sumamente especialista. Y como el enemigo que se debe descubrir es muy frecuentemente un espíritu y solo puede ser localizado con la ayuda de espíritus, el especialista habrá de ser tanto sacerdote como médico.

Para poder establecer el diagnóstico, el hechicero tendrá que sumirse en trance e invocar a espíritus buenos y malos.

Un sacerdote de esta clase, que en último caso actúa siempre con fines médicos, recibe normalmente el nombre de chamán.

Tratamiento de la enfermedad en las sociedades primitivas.

Determinadas las causas de la enfermedad, el tratamiento responde asimismo a este contexto mágico. Si el culpable de la enfermedad es un espíritu o un familiar fallecido, el chamán prescribe un sacrificio expiatorio.

Si la falta de respeto es en especial grave, diagnosticará que la enfermedad es insanable y entonces no queda sino más bien aguardar la muerte del enfermo. Pero si se decide que el culpable es otro humano  se  procura  presentar batalla.

Tribus como los dayaks llevan siempre amuletos, a los que atribuyen propiedades mágicas. Si caen enfermos, el hechicero prepara un antídoto con astillas de madera sacadas del amuleto.

Este es el diagnóstico más usual cuando hay enemigos externos o rivalidades entre los diferentes grupos.

La brujería. Información útil sobre su funcionamiento.

En un caso así, el causante de la enfermedad tiene en ocasiones un poder suficiente para ocasionar daño a terceros recurriendo a artes de brujería.

Asimismo, puede usar hechizos a través de la manipulación de determinadas substancias mágicas que toman formas muy diferentes. El enemigo puede haber clavado agujas en una figura que representa a la víctima o bien haber disparado dardos invisibles contra su cuerpo.

O bien tal vez se usaron pelos, recortes de uña e inclusive excrementos de su víctima para entremezclarlos con substancias venenosas o bien cocerlos a fuego lento.

Pudo también haber mandado espíritus o incluso diablos para robar una de las ánimas de su víctima y lograr de esta manera desgastarla. Los síntomas del enfermo, su sensación de ser pinchado, envenenado, quemado o bien sencillamente desgastado dan a su médico o chamán pistas precisas sobre el procedimiento elegido por el oponente.

Al manejar algún género de poder mágico, el contrincante o bien hechicero solo deja dos opciones al chamán. Recurrir a alguna fuerza mágica más eficiente para anular el ataque o bien fortalecer la capacidad de resistencia de su paciente.

En el primer caso, trata de recobrar los materiales del hechizo y destruirlos. De este modo va a chupar los dardos mágicos del interior del cuerpo del enfermo o bien invocará a otros espíritus a fin de que presenten batalla a los que están ocasionando la enfermedad. En el último caso puede prescribir una serie de fármacos de empleo interno o bien externo.

Cuando no se tiene presente la relación de causa efecto, tampoco tiene sentido usar medicinas concretas para enfermedades específicas, pero las prescripciones siguen de todas formas cierta lógica y se fundamentan frecuentemente en similitudes entre la enfermedad y el antídoto.

De este modo por ejemplo, en el caso de ictericia, caracterizada por la amarillez de la piel, va a estar indicada la carne de un animal amarillo.

Cómo curan los chamanes.

En muchos lugares, la medicina es solo  una  aplicación  especializada de conocimientos mágicos. En consecuencia, los chamanes han de ser capaces de hablar con los espíritus y de invocar su poder. así como de entender las circunstancias morales o bien sociales de la vida del enfermo y las culpas y frustraciones de las que este quizás no es consciente.

La medicina occidental recobra esta vieja sabiduría. La medicina tradicional emplea de forma frecuente recursos psicoterapéuticos.

Entre los ndembu de África central, por ejemplo, igual que en muchos otros lugares del planeta, el chamán reúne a los amigos y familiares del enfermo y les hace confesar en público sus rencores.

El apaciguamiento de las tensiones que sigue a estos actos tiene un enorme valor terapéutico  para  toda la comunidad.

Muchos testimonios prueban que estos médicos tribales son exageradamente hábiles en el arte de manipular a la gente para conseguir los resultados deseados.

Los ndembu piensan que toda persona puede alojar un diente humano en el cuerpo de su oponente con solo hacerle objeto de su rencor, En estos casos la única solución consiste en hacer confesar al culpable.

El chamán reúne entonces a todos y cada uno de los posibles implicados y les hace cantar y bailar; en los intervalos de esos cantos procura extraer el diente con unas ventosas. Toda vez que su intento resulta errado, dirige un sermón a todos y cada uno de los presentes, poniendo de manifiesto que conoce todas las relaciones interpersonales de la aldea.

Un antropólogo que vivió con los ndembu escribe a propósito de una de estas sesiones:

“La mayor habilidad del hechicero consistía en saber en qué momento debía hacer estas pausas, de forma que tras múltiples horas el grupo sentía un deseo unánime de que el diente saliese del cuerpo del enfermo.

La excitación colectiva estimulada por los tambores, el temblor del paciente, las agridulces canciones de caza entonadas para mitigar al diente, seguidas de las confesiones en las que los asistentes reconocían sus riñas y enemistades, las exhortaciones dirigidas por el chamán y por los viejos a la sombra (el espíritu) a fin de fortalecer nuestro parentesco; la vista y el fragancia de la sangre…”

Es lógico que nos preguntemos si todo este ritual servía para asistir al enfermo. Pero esta pregunta requiere una contestación prudente y con matices.

Estas formas de sanación influyen en la vida de los enfermos y actúan sobre ellos de forma considerablemente más extensa que la medicina occidental Ésta solo incide de una manera muy localizada en el estado de salud de los enfermos.

En las comunidades aisladas, los individuos dependen mucho los unos de los otros y les resulta bastante difícil eludir a quienes les enfadan. El hechicero o chamán acepta entonces el papel de psicoterapeuta social y se transforma en un personaje fundamental y eficiente para calmar las tensiones y asegurar la paz de la aldea.

Los éxitos del chamán son simples de explicar en las enfermedades de origen psicológico. En la actualidad la medicina occidental comienza a reconocer la presencia de los factores psicológicos en la mayoría de las enfermedades fisiológicas.

El estado mental y sensible de una persona condiciona, para bien o bien para mal, su resistencia a las infecciones y su capacidad de curación.

SE HA OBSERVADO QUE MUCHAS YERBAS Y OTROS ANTÍDOTOS PRIMITIVOS TIENEN EFECTO TERAPÉUTICOS INDISCUTIBLES.

Los gitanos, por poner un ejemplo, mucho antes que Flemming descubriera la penicilina, usaban alimentos como flores para desinfectar las heridas, consiguiendo buenísimos resultados.

La medicina tradicional en los pueblos indígenas.

Son numerosas las razas del mundo ubicadadas muchos lugares del planeta las que piensan que las enfermedades las producen los espíritus hostiles que penetran en el cuerpo.

Y esta convicción, así como la capacidad de recuperación de todo organismo, hace que el enfermo recobre por fin la salud.

Debe señalarse que asimismo se da el fenómeno inverso. El poder de la psique sobre el cuerpo es tal que si un hombre rebosante de salud comienza a creerse envenenado por un hechicero o bien atacado por un espíritu, no va a haber hechicero ni médico occidental capaz, de sanarle, si no se le libera ya antes de su sugestión.

Una mente enferma puede matar con tanta eficiencia como el veneno introducido en la sangre, singularmente si amigos y familiares evitan al enfermo atemorizado o bien hablan de él tal y como si ya estuviese desahuciado.

Es efectiva la medicina tradicional.

De la misma manera que los médicos occidentales, el chamán sabe que no siempre va a poder sanar. Para explicar sus descalabros afirmará que los espíritus no se sienten reparados, o bien que los poderes mágicos del contrincante son superiores.

Es bastante difícil opinar que un chamán está siempre seguro de sus poderes, aunque no por este motivo debe considerársele un farsante.

El espectador foráneo tiende en ocasiones a ver al hechicero como un comediante. En el ritual ihamha, cuando el chamán cree que han sido expresados todos y cada uno de los rencores de los asistentes finge extraer un diente humano del interior del cuerpo del enfermo y con aire de triunfo le declara curado.

La profesión del chamán, como la del médico occidental, es una ocupación seria, para la que no todos están capacitados.

El chamán ve en los fenómenos perceptibles algo que para él ocurre verdaderamente, si bien se genere en un terreno invisible y a un nivel muy profundo.

Como los médicos de cualquier otro sitio, el chamán da un diagnóstico y intenta curar al enfermo a través de el tratamiento conveniente.


A. Malaspina

A pesar de la gran cantidad de exploradores con los que cuenta la historia de España, Alejandro Malaspina, ha sido sin duda el mayor promotor y explorador científico con los que ha contado este pais. Esta web pretende ser un pequeño homenaje a este gran hombre.

Share
Published by
A. Malaspina

Recent Posts

El origen de las razas humanas

Si la vida de nuestro planeta tuviera sólo una hora de antigüedad, el hombre habría estado presente en los últimos…

3 meses ago

Canibalismo Humano

Prácticamente todas las etnias humanas han impuesto la estricta prohibición  del canibalismo humano y con ello de comer carne humana.…

4 meses ago

Usamos cookies