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Etnias

Pueblo Fang

  • Localización: Camerún, Rep. Del congo, Guinea Ecuatorial, Gabón, santo Tomé y Príncipe.
  • Población: 1.100.000 habitantes
  • Idioma: Fang
  • Religión: Cristianismo, Bwiti o  Bwete

 

Entre finales del siglo XVIII e inicios del presente, el pueblo fang avanzó gradualmente sobre la costa atlántica desde zonas ubicadas al noreste de su hábitat actual, compuesto por unos 30.000 km² de bosques densísimos.

La mayoría de esta superficie se halla en Gabón, una de las primeras colonias francesas del África occidental, establecida en 1839.  Algunos sectores quedan incluidos en el sur del Camerún y en la Guinea Ecuatorial.

DE ESTATURA MEDIANA Y FUERTE CONSTITUCCIÓN, SE COMPLACEN DE SU BELLEZA FÍSICA.

La tribu bantú de los fang cuenta con algo más de un millón de individuos, en cierta manera integrados lingüística y culturalmente en el conjunto de pueblos pahouin.

 

Dónde vive la etnia Fang.

Su entorno forestal no favorece un clima que pueda considerarse acogedor. Elevado índice pluviométrico, mucha humedad y un calor intenso, son algunos factores que contribuyen a complicar la vida en esta zona.

Los datos demográficos muestran una baja densidad de población, si bien estas cantidades no reflejan la auténtica dispersión de estas gentes, puesto que muchas de ellas radican en poblaciones de determinada relevancia.

 

Poblados.

La aldea tradicional albergaba a prácticamente todos los miembros varones de un patrilinaje, con sus esposas y también hijos.

Cada esposa contaba con una choza individual para ella y sus pequeños.

Las residencias, de cortezas y techumbre de rafia, se alineaban al lado de un camino central, y el poblado quedaba rodeado por una barrera de flora. Los hombres jóvenes se alojaban en puestos de guarda ubicados en los dos extremos de la aldea.

Las familias se proveían de cuanto precisaban por sus medios. El varón desboscaba una extensión de tierra suficientemente extensa a fin de que su o sus esposas pudiesen cultivar yuca, ñames, maíz y cacahuetes.

Como cada cosecha maduraba en temporada diferente, jamás había periodos de hambre ni de inactividad.

En ciertas ocasiones, estos campos se hallaban lejos de las aldeas, puesto que de año en año era preciso talar y arar nuevos terrenos forestales.

Cuando la distancia resultaba ya excesiva, se trasladaban todas las viviendas.

 

Organización social.

Hombres y mujeres alcanzaban la edad adulta al casarse, que debía efectuarse siempre entre miembros de diferente patrilinaje (exogamia).

La esposa seguía perteneciendo a su patrilinaje pese al matrimonio y si bien jamás llegaba a incorporarse al del marido, debía respetar sus tabúes y tótems.

Los hijos eran miembros natos del patrilinaje del padre y apenas sostenían relaciones con la familia de la madre, que a veces quedaba en alguna aldea distante.

 

El matrimonio.

La formalización del enlace nupcial dependía del pago de una dote o bien nsuba. E1 deber principal de una esposa era dar hijos al marido y por tanto la porción más suculenta de la nsuba no se satisfacía hasta el nacimiento del primer descendiente.

LA MUJER SIN HIJOS CORRÍA PELIGRO DE VERSE RECHAZADA.

En tal caso, si no tenía una hermana capaz de sustituirla con eficiencia, debía devolverse el importe completo de la nsuba.

La tradición demandaba que los regalos se repartiesen entre los familiares de la novia. El auténtico efecto de esta costumbre era acrecentar la relevancia del éxito marital, puesto que si la pareja se separaba, al esposo le resultaba bastante difícil recobrar la dote distribuida entre múltiples personas.

Si una mujer daba a luz un hijo sin que se hubiese satisfecho la pertinente nsuba, el recién nacido se consideraba ilícito y pasaba a integrarse en la familia de la madre.

Un hombre podía y puede tener múltiples esposas, toda vez que disponga de medios para abonar su coste.

Pero la primera mujer conserva su superioridad sobre el resto, organiza el trabajo de éstas e inclusive les impone castigos si lo estima recomendable.

 

Religión y ritos.

Si bien el cristianismo ha desterrado las prácticas poligámicas, de ningún modo ha acabado con ellas. Una parte de la explicación radica en que solo es posible casarse por la Iglesia una vez, mientras que viva la primera esposa, pero también por el hecho de que persiste la costumbre de la nsuba.

Desde la conversión de su pueblo al cristianismo, se ha descuidado la vestimenta tradicional y la práctica de la escarificación, a favor de prendas y ornamentaciones occidentales.

En el pasado se circuncidaba a los muchachos al despuntar en ellos la adolescencia.

Cada 3 años se organizaba una liturgia iniciatoria, al objeto de enseñar a los varones entre dieciocho y veinte años en las opiniones y prácticas imprescindibles para transformarse en miembros plenos de la tribu.

Solo los iniciados podían participar en el culto del bieri o bien santuario de los ancestros. Éste estaba protegido en una choza singular de la vista de las mujeres y de quienes aún no eran “genuinos” fang.

Otro privilegio de los que habían superado la liturgia, era el de poder casarse. Todos los jóvenes iniciados al tiempo formaban un grupo, unido por fuertes nudos efectivos, inseparables hasta la muerte.

Esta costumbre ya se ha descuidado, por causa del establecimiento en urbes y de la consecuente dispersión.

La circuncisión ritual se ha reemplazado con una intervención quirúrgica efectuada en una clínica.

Como tantas otras tribus africanas, los fang no solo se organizaban sobre una base de parentesco, sino más bien asimismo asociaciones secretas de carácter voluntario.

A causa de la actividad misionera, prácticamente todos los fang profesan a día de hoy la religión cristiana.

Solo los más ancianos siguen fieles a las tradiciones de su pueblo. Pero, la idea de la muerte natural, no atribuible a brujerías ni al quebrantamiento de ningún tabú, apenas ha logrado abrirse camino.

La vieja religión de los fang era monoteísta.

El Dios (Mebere) creó el planeta y puso en él a Zambe, padre del pueblo fang. Asimismo creían en la supervivencia del espíritu tras la muerte.

A los nativos les costó poco sacrificio admitir la nueva fé traída por los europeos.

No obstante, los misioneros condenaron el bieri o bien culto de los ancestros.

Por considerarse que en el cerebro se encontraba el origen de toda vitalidad, las calaveras de los ancestros varones se conservaban en un recipiente cilíndrico, hecho de cortezas y decorado con cuentas. Introduciendo en él una estatuilla de madera que representaba al creador del patrilinaje. El tubo se guardaba en una choza singular, confiándolo al cuidado del varón más anciano.  Cuando se fundaba una aldea, era preciso tallar otra figura y depositar en su interior fragmentos óseos o bien otras reliquias ancestrales.

 

Los hechiceros.

Una de las más conocidas era la ngil, dedicada a combatir la brujería a través de investigaciones, exorcismos, ordalías e inclusive ejecuciones.

Los hechiceros formaron una conocida asociación conocida por hombres leopardo. Éstos creían que para ingresar en ella y lograr los poderes mágicos, el aspirante debía ofrecer en sacrificio la vida de un familiar próximo, ingiriendo también una parte de sus despojos en unión de sus futuros compañeros.

La creencia en el poder de los hechiceros era un rasgo propio de la sociedad fang, que les atribuía las muertes y desgracias.

En algunos casos estos individuos, hombres o bien mujeres perdían sus facultades sin saberlo.

Si los rituales purificatorios resultaban inútiles, no quedaba más antídoto que darles muerte, ahogándolos o bien sacrificándolos en la hoguera.

La brujería era en esencia una fuerza maligna, si bien podía combatirse a través de poderes sobrenaturales ejercidos por magos, adivinos y sanadores.

 

Cultura Fang.

Bieri de la cultura Fang

Lo que más ha contribuido a propagar la cultura fang en Europa es la imaginería del bieri. Las figuras que consiguieron salvarle de la quema organizada por los misioneros recibieron una calurosa acogida en los círculos artísticos europeos.

Son piezas notables por su forma de retratar el semblante humano. Los rasgos se anotan en una cara levemente cóncava, prácticamente triangular, coronada por una frente alargada. Los ojos aparecen en general cerrados, bajo cejas arqueadas, y la boca sobresale en una suerte de ademán lastimero.

Por desgracia, no se ha mantenido la calidad de otros tiempos.

Quizá como reflejo de las presiones ejercidas sobre las opiniones tradicionales, las tallas en madera han perdido una gran parte de su vieja vitalidad.

En la actualidad los artesanos generan las gamas más vendibles, con destino a mercados locales y extranjeros. Los tenderetes cercanos a  los hoteles aparecen llenos de simples imitaciones.

 

El bwiti.

A pesar de todos y cada uno de los obstáculos, el bieri ha estimulado la capacitación del bwiti, nuevo culto político-religioso dotado de elementos culturales cristianos y de las tribus vecinas.

Este movimiento africanista, preocupado por el progreso y la modernización, debió cobijarse en la clandestinidad a lo largo del periodo francés del Gabón.

Desde los años cincuenta, una legislación más comprensiva le ha tolerado florecer en la legalidad. En sus templos se festejan rituales una vez a la semana, que en ocasiones duran toda la noche.

Se toman drogas para aligerar el cuerpo y elevar el espíritu, mientras que con cantos y bailes se representan el nacimiento y la creación del planeta, la muerte y la destrucción.

Para los religiosos, el propósito del ritual es la plena identificación de las personas.

Se trata de una contestación colectiva a las suspicacias y la falta de confianza, secuelas del individualismo económico y del olvido de las viejas instituciones rituales.

 

Economía.

Los últimos 50 años han visto muchos cambios. La agricultura de subsistencia ha desaparecido, cediendo el paso a la producción de cosechas comerciales y al trabajo asalariado.

Desde mediados del S. XIX se han plantado millones de árboles del cacao, provocando importantes perturbaciones en la estructura social básica.

Las aldeas son ya núcleos permanentes y sus vecinos disfrutan de derechos formales a la posesión individual de la tierra. Hoy en día pueden adquirirse y repartirse recursos duraderos, debido a la producción de excedentes.

Los mercados, nacidos para abastecer a las guarniciones, a los puestos misioneros y a los centros administrativos de los europeos, se hallan en un estado floreciente. Las producciones autóctonas compiten con el pescado seco, las sardinas envasadas, el pan y la leche condensada. Se importan mantas, camas, sillas, aparejos familiares, linternas y lámparas de parafina, artículos imprescindibles en todos los hogares.

Ya no se utilizan los habituales delantales de cortezas. Se han descuidado los collares de cobre, en otros tiempos esencial pieza del atuendo femenino, como las pieles de leopardo usadas por los hombres en las liturgias.

La baja densidad demográfica sigue siendo el principal obstáculo para la modernización de la sociedad fang, y para la conservación de sus tradiciones.

Desde 1946, inició en el Gabón un movimiento contra la dispersión social, a través de la agrupación de las aldeas en patriclanes. No obstante, este programa no ha tenido mucho éxito.

El genuino inconveniente de los fang es la  desaparición como grupo, en varios paises demasiados grandes para ellos.

 

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