Saltar al contenido
Etnias

Durranis

Bandera durrani
  • Localización: Afganistán, Pakistán, Irán
  • Población:
  • Religión: Islám
  • Idioma: Pashtún, Dari, Indostánico (urdu)

 

 

Origen del nombre durrani.

Cuando el jefe abdalí, Ahmad Shah, creó el moderno Estado de Afganistán, a mediados del siglo XVIII, adoptó el título de Durr-i Durran que significa “Perla de las Perlas”, y sus seguidores tomaron el nombre de durranis o duranis.

Desde ese momento, los gobernantes de Afganistán han sido siempre miembros de estas tribus.

En este como en otros muchos aspectos, los durranis son un caso alucinante de pueblo tribal con múltiples modos de vida, desde los pastores nómadas, cuyas costumbres han alterado poco durante los siglos, a las complejas elites urbanas de la ciudad de Kabul.

 

Idioma.

Son parte de la tribu de los pashtan, y hablan el kandahari, que es un dialecto del pashto.

 

Organización territorial.

Muchas familias duranis viven desde hace tiempo en las ciudades. Concretamente en la ciudad de Kabul o Kandahar  y no faltan duranis en puestos preeminentes del Gobierno y de las fuerzas armadas.

No obstante, la mayor parte sobreviven todavía como labradores, pastores nómadas o las dos cosas al unísono. La mitad de ellos son nómadas o bien semi-nómadas y viven parte del año en tiendas.

Sin olvidar que la otra mitad radica en las urbes, el nomadismo puede considerarse como la manera tradicional de vida para muchos duranis.

La zona que habitan los duranis es la árida estepa del suroeste de Afganistán, entre Kandahar y Herat. Prácticamente toda  esta zona es acta solo para el pastoreo el cual se practica a lo largo de algunos meses del año.

El cultivo es imposible salvo en los fértiles valles de los ríos o donde es posible la irrigación a través de los karez o canales subterráneos.

Estas tierras solo pueden sostener a un limitado número de personas. A lo largo del último siglo, los duranis y otras tribus nómadas han ido trasladándose hacia el norte en pos de tierras más hospitalarias, entre Herat y Mazar-i Sharif, donde normalmente se han establecido.

 

Dónde habitan.

Los nómadas duranis habitan desde el sur, el este y el norte del país, para pasar el verano en las montañas del centro de Afganistán.

Los duranis no son los únicos habitantes de esta zona. En el este y en el centro existen muchos persas que hablan el tadzhiko, el aimak y el hazara, al paso que en el norte duranis, tadzhikos y hazaras son una minoría en una zona de franco predominio turco.

Imperio durranis

Con los duranis viven otras etnias que se llaman así mismos pashtan. Los duranis les llaman farsibah o bien persa-hablantes, pese a que muchos de ellos hablan el pashto y son casi iguales a los duranis en costumbres y estilo de vida.

Los campesinos y pastores duranis pasan la mayoría del año en sus poblados o bien cerca de ellos, en los cuarteles de invierno también llamados watan, que quiere decir hogar.

Estos pueblos suelen estar siempre cerca de un río, una fuente o bien algunos canales subterráneos.

En ellos viven en ocasiones de 50 a 100 familias, en tiendas o en chozas fabricadas con adobes de barro.

 

Agricultura.

Cultivan las tierras si son buenas y emplean a tadzhikos, uzbekos o bien hazaras para trabajar en ellas como braceros o bien aparceros.

Estos perciben una parte de la cosecha. Ésta oscila desde una sexta parte hasta la mitad de toda la cosecha.

Las cosechas de cereales se recogen a mediados de verano y se trillan y limpian en otoño.

El trigo y la cebada se siembran en otoño o bien al comienzo de la primavera. La siembra se recoge en el mes de junio o en julio. En verano por el contrario se cultivan melones, sésamo, lino, maíz, judías, algodón.

 

Ganadería

Los durranis nómadas apacientan rebaños de ovejas y los sedentarios es normal que tengan también algunas cabezas de ganado en sus granjas.

Los camellos se emplean como animales de carga para recorridos largos y los burros para transportes más cortos.

Los campesinos crían ganado vacuno tanto por la tracción animal para arar las tierras como para conseguir leche.

Los duranis reúnen sus ovejas y cabras en rebaños de unas 600 cabezas.

En el tercer mes del año al acercarse la primavera, los pastores se dirigen con los rebaños a los pastos de los montes donde campan en sus tiendas juntos a los animales.

Con la leche se hace yogur y múltiples clases de quesos.

Las lluvias de primavera acaban a finales de abril, dando paso al calor, que funde la nieve en los pastos de las altas montañas. Los que dejaron sus campos sembrados retornan a sus pueblos para llegar a tiempo a la cosecha y dejan sus rebaños con algún familiar.

Todos los años cambian las familias que se dirigen a los pastos en las migraciones de primavera. Los hermanos, por poner un ejemplo, se alternarán de un año a otro para poder atender en todo instante sus intereses.

 

Los nómadas.

Los nómadas venden varios corderos, se proveen de harina, sal, y otras provisiones, aligeran al límite su bagaje, disminuyen sus tiendas a la mitad de su tamaño normal y parten en una noche de luna llena. Se despiden con lágrimas de sus familiares y amigos puesto que no les volverán a ver hasta tras pasados 4 ó 5 meses.

Para lograr sus campamentos de verano, los nómadas duranis deben viajar mediante tierras ásperas, escalar por caminos, exponerse por acantilado y precipicios para franquear por fin puertos de cuatro mil metros de altura, en montañas cubiertas de nieve.

Imperio durrani

Las caravanas siguen en la medida de lo posible el curso de los ríos y el fondo de los valles. Pero en ocasiones la tierra está plenamente cultivada por los habitantes de la zona y es bastante difícil localizar pastos para los camellos y lugares donde montar las tiendas, con lo que deben dividirse en pequeños conjuntos.

Solo pueden viajar a lo largo de 4 horas cada día. Se ponen en camino ya antes del alba y campan nuevamente a poco de salir el sol, puesto que los camellos se cansan, singularmente en los lugares más bajos donde el sol aprieta.

Algunos duranis llegan a su destino en 10 días, otros tardan un mes o más en recorrer 300 ó 500 km. Entre tanto, los pastores llevan los rebaños de cabras y ovejas por el camino más corto, a través de las crestas de las montañas, donde es más simple localizar pastos.

En ocasiones, el rebaño y la caravana no se cruzan más que 2 ó 3 veces en todo el viaje.

A finales de julio, las caravanas de camellos se dirigen al watan. Pero los rebaños y los pastores se quedan aún un mes más, para aprovechar el fresco verano de las montañas y las yerbas alpinas. Cuando bajan de los montes, los nómadas hallan a su paso múltiples frutos en sazón como albaricoques, uvas, melones y otros.

Cuando llegan a casa a finales de agosto sus familiares están ocupados en la trilla y aventamiento de los cereales y el grano está a puntito de repartirse entre los campesinos y los dueños de las tierras.

Pero aún queda trabajo por hacer. Hay que guardar el forraje para el invierno y preparar los campos para la próxima siembra.

Otoño, sin embargo, es temporada de exuberancia y la menos atareada del año. Con septiembre comienza la estación de las fiestas y de las bodas.

 

Fabricación del yogur durani.

Los duranis continúan en los campamentos de verano unos dos meses. Es una temporada de intenso trabajo para toda la familia. Las ovejas engordan con los ricos pastos de las montañas, y siguen generando leche hasta julio, dando trabajo diario a las mujeres ocupadas en hacer yogur.

Cada mañana con el fresco del amanecer, ya antes de salir el sol, baten la leche para separar el cuajo del suero. El suero se hierve, se amasa seguidamente en forma de bolas y se seca para conseguir de esta manera un queso que se conserva a lo largo de un año e inclusive más.

Las caravanas duranis, sirviéndose de camellos como animales de carga, deben pasar mediante profundas gargantas, ríos y altos puertos de montaña para llegar a sus campamentos de verano. Los rebaños de ovejas, confiados a pastores contratados, se dirigen hacia sus pastos pasando por las crestas de las cordilleras.

El cuajo (leche cuajada) lo van guardando hasta el momento en que concluye la temporada de ordeñar. En el mes de julio dedican una noche entera a preparar con este cuajo el ghee o mantequilla líquida.

Bien entrada la noche, la mujer comienza la lenta operación de hervir el cuajo. A lo largo de todo ese rato no se puede hacer ruido ni hablar, puesto que en caso contrario el cuajo se estropearía.

AL FINAL DEL VERANO, LAS MUJERES DURANIS PREPARAN EL HATAJO Y EL SUELO, COMESTIBLES ESENCIALES EN SU DIETA INVERNAL.

Al amanecer, el trabajo ha terminado. La mujer solicita ayuda para verter la mantequilla líquida de los calderos en los pellejos donde se guarda y los vecinos se aproximan para consultar cuánta ha hecho y para felicitarla.

 

El esquilado de las ovejas.

Por estas fechas los hombres vuelven a esquilar a las ovejas con la ayuda de sus vecinos.

Prácticamente toda esta lana cortada crecida a lo largo del verano se la dan a las mujeres a fin de que la carden y la hilen.

Con la lana del segundo esquileo, que tiene lugar al final del verano, se fabrica el fieltro para ropas y mantas, trabajo que hacen las mujeres duranis. Este fieltro es valoradísimo, puesto que es parte del ajuar de las novias.

Entonces  la enrollan y la prensan para fabricar el fieltro. Éste es otro trabajo que debe hacerse en equipo, en especial para los grandes fieltros negros que son la parte más esencial del ajuar de las hijas. Asimismo se hacen otros fieltros más pequeños de color gris, que sirven como mantas o alfombras.

 

Organización social.

Los duranis son muy sociables y nada les agrada más que las tertulias y las veladas con los amigos, con lo que la vida social en pueblos y campamentos es intensísima.

Aunque no haya más de dos tiendas en el campamento de un valle apartado, o bien en la cima de un monte, siempre hay vecinos, familiares o bien mercaderes que visitan a sus habitantes.

Los hombres se invitan mutuamente a comer, como las mujeres. Los forasteros son siempre invitados a comer o a pasar la noche, y si bien no se les pregunta su nombre ni su ocupación, se espera de ellos que cuenten todo género de noticias.

Los campamentos de invierno de los nómadas duranis, ubicados en las áridas estepas del suroeste de Afganistán, reciben el nombre de watan que significa hogar. Los duranis son un pueblo social y comunitario.

Cada pueblo o bien campamento se compone esencialmente de un grupo familiar relacionado por línea masculina. Este grupo lleva el nombre de un ancestro común.

No obstante, muchos residentes del poblado proceden de otros clanes y pueden no estar vinculados con el clan local o bien ingresar en él por medio del matrimonio.

 

Gobierno.

Cada asentamiento durani tiene un jefe que es a  menudo el encargado oficial para tratar con las autoridades gubernativas.

Mausoleo de Ahmed Shah Durrani, Afganistán
Mausoleo de Ahmed Shah Durrani, Afganistán

Deben su situación más a su riqueza o personalidad que a la edad, o incluso a derechos de sucesión de padre a hijo.

El consejo de ancianos atiende los temas de la comunidad y tiene autoridad para convocar la jirga, reunión general, a la que todos los hombres adultos pueden acudir. Todas las resoluciones se toman de acuerdo mutuo entre todos y ningún jefe puede imponer su voluntad sobre el resto.

LOS DURRANIS TIENEN UN CÓDIO DE CONDUCTA MUY RIGUROSO, CON IDEAS FIJAS SOBRE LO HONROSO Y LOS DESHONROSO.

Por ejemplo, los casos que atentan contra la honra de una mujer pueden tener consecuencias muy graves. Los castigos y penas tradicionales de compensación impuestas en casos de adulterio, fornicación, homicidio o bien daños físicos, son del perfecto dominio de todos y se aplican con rigor.

Los duranis sostienen su sentido de superioridad sobre otras comunidades y no dejan que sus hermanas y también hijas se casen con extraños. Pero los hombres pueden casarse con mujeres de otros pueblos.

Si una chica durani se escapase con un forastero, que no es durani lo que ocurre rarísimas veces, ocasionaría un escándalo y de ser hallada, podría ser condenada a muerte.

Un homicidio entre duranis puede desatar venganzas y represalias, pero por norma general el agravio se mitiga lo antes posible a través del intercambio de novias entre familias implicadas.

 

Matrimonio.

Los progenitores casan a sus lujos y sus hijas lo más pronto posible, frecuentemente en plena adolescencia.

No obstante debido a los gastos que suponen estas liturgias el hijo de un hombre pobre, puede no tener ocasión de casarse hasta los 30 años. La dote de las muchachas duranis es unas 20 veces lo que un nómada o bien labrador puede ganar en un año.

Si la boda se concierta entre familiares, este costo puede reducirse mucho y las familias más pobres acceden en ocasiones al intercambio de novias entre sí sin pago alguno.

El padre de familia elige por lo general las esposas de sus hijos, intentando progresar su patrimonio con bodas provechosas.

Ello rige sobre todo para los matrimonios de los primogénitos de familias ricas.

En otros casos, los jóvenes disponen de libertad para seleccionar a su cónyuge.

Buena parte del costo que recibe el padre de la novia se gasta en su dote. Los recursos y vestidos que la novia aporta al matrimonio dejarán a la nueva pareja fundar un nuevo hogar.

Toda mujer casada espera tener su habitación o bien tienda, por muy pequeña que sea. Pero los hijos casados no son completamente independientes antes de la muerte de su padre.

 

Religión.

Los duranis son devotos musulmanes. Cada pueblo tiene cuando menos una mezquita.

Muchos campamentos, si bien solo se ocupen unos meses por año, disponen de un sitio marcado con piedras que se dedica a la oración vespertina.

Todos y cada uno de los poblados y muchos campamentos tienen un mullah, que ha estudiado en una escuela religiosa y puede dirigir las preces, desposar a los novios y encabezar los entierros y liturgias de duelo. Asimismo enseña a los pequeños a leer y a redactar, a orar y a observar sus deberes religiosos.

A lo largo del Ramadán, en el noveno mes del año islámico, los duranis ayunan estrictamente.

En la celebración de la rotura del ayuno con que acaba el Ramadán se festejan grandes asambleas y liturgias. Todo el pueblo concurre a las mezquitas y después comienzan las ferias, bailes, competiciones y juegos.

En conjunto, la vida religiosa es sobria y poco emotiva. No obstante, muchos duranis pertenecen, cuando menos de nombre, a ciertas fraternidades sufíes.

Una o dos veces por año, su guía espiritual, les visita para recoger sus diezmos y para festejar liturgias en las que los fieles, particularmente los jóvenes, alcanzan un estado de trance por medio del control de la respiración y de los movimientos del cuerpo. Esta experiencia de éxtasis se considera tan esencial como acudir a la mezquita.

 

La mujer durani.

En los campamentos y en los pueblos las mujeres duranis llevan una vida dura, lo que no mengua su alegría natural.

Abiertas y francas en sus creencias sobre temas corrientes, tanto si se trata de detalles caseros como de escándalos públicos de la tribu. Solo se les deja, en cambio, acudir a la jirga cuando deben proponer una protesta personal. Inclusive entonces deben hacerlo mediante una representante, una respetable anciana que actúa como jefe de todas y cada una de las mujeres.

Aparte de sus funciones en la jirga, esta anciana organiza las asambleas y diversiones femeninas de las fiestas y bodas.

 

0/5 (0 Reviews)