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Etnias

El Canibalismo Humano

Canibalismo humano

Prácticamente todas las etnias humanas han impuesto la estricta prohibición  del canibalismo humano y con ello de comer carne humana.

Tan solo unas pocas sociedades practicaron y quizá sigan haciéndolo secretamente, el rito de la antropofagia.

Canibalismo real en la historia

A inicios de la Edad Moderna, los exploradores y navegantes europeos retornaban contando sus impresiones a un público deseoso por conocer detalles sobre un planeta fantástico y exótico.

Todo era creíble. Cuanto más extrañas las costumbres referidas, tanto mayor el interés y la difusión de la historia.

Las descripciones de los pueblos caníbales pretendían horrorizar al oyente e incluso al lector, proporcionándole exactamente el mismo género de emociones indirectas, de segunda mano, que en la actualidad consiguen los usuarios de material porno.

Otra consecuencia de las historias de caníbales era el estímulo al sentimiento de superioridad racial. Aquellas cosas solo podían pasar en tierra de salvajes y prácticamente siempre en personas de color.

Lo más curioso era observar las reacciones de la “raza superior” cuando los protagonistas activos o caníbales resultaban ser europeos.

Fue muy conocido el caso del barco Mignonette, siniestrado en altamar. Los náufragos resistieron hasta el límite de sus fuerzas, pero cuando el hambre ya era inaguantable dieron muerte al grumete y se lo comieron.

Es fácil hacerse una idea de de qué forma reaccionó la prensa de la época, repasando las crónicas sobre los recientes casos de antropofagia acontecidos en Canadá y los Andes, a causa de sendos accidentes de aviación.

No es extraño, puesto que los informes sobre canibalismo se hayan adornado siempre con exageraciones y falsedades.

Los primeros exploradores temían y deseaban al unísono encontrarse con caníbales. De regreso en la patria, probarían su bravura y su sensibilidad ética, lucrándose al tiempo con la venta de sus crónicas.

Por otro lado, los pueblos tribales siempre han accedido a seguirle la corriente al hombre blanco. Si a este le hacía ilusión saber que en el poblado vecino, nunca en el propio,  había caníbales, ¿por qué razón no darle el gusto? No cabe la mínima duda de que a esta actitud deben muchos pueblos su injusta fama de caníbales.

Cuando Colón descubrió América, las primeras islas que pisó estaban habitadas por los caribes, un pueblo que ha dado nombre a la zona geográfica del Caribe. Aquellos “caríbales” como se les conoció antiguamente practicaban la antropofagia, con lo que su nombre pasó a designar por extensión a todos y cada uno de los devoradores de carne humana.

Los europeos de principios de siglo se emocionaban con las narraciones más increíbles que misioneros, navegantes y exploradores les narraban sobre los pueblos caníbales. Para probar sus relatos, algunos no tuvieron reparos en falsificar incluso pruebas que dieran fe de sus versiones.

Canibalismo animal

En la actualidad los antropólogos designan como canibalismo la ingestión ritual de carne humana, presentándola como una parte de un conjunto de costumbres y opiniones sociales.

Solo de este modo se entiende que ciertas colectividades, en condiciones muy específicas, venciesen la prácticamente universal repugnancia a comer carne humana.

La generalización del tabú contra la antropofagia no implica necesariamente que responda a un instinto humano.

Algunos animales e  insectos practican el canibalismo animal de forma regular. La hembra de la mantis religiosa devora al macho tras el apareamiento.

Las larvas y los ejemplares adultos del tribolium o escarabajo de la harina tragan huevos y crisálidas de su especie, en ocasiones en grandes cantidades. La práctica de estos escarabajos obedece a la necesidad de supervisar su excesiva proliferación. Esta razón transforma a las ratas en caníbales cuando su número excede la densidad aceptable en cierto espacio.

No obstante, está por probar que la naturaleza recurra con cierta frecuencia al canibalismo para limitar el tamaño de las poblaciones animales.

Cuando no se dan problemas de espacio en agrupaciones animales dotados de una organización familiar elemental, estas semejan ser instintivamente reacias al canibalismo.

LA REPUGNANCIA FRENTE A LA IDEA DE DEVORARSE ENTRE SÍ SE VENCE EN CIRCUNSTANCIAS DE EXTREMA NECESIDAD

Un mecanismo protector obstruye los enfrentamientos entre primates de la misma especie, enfrentamientos que extrañamente decaen en luchas a muerte. El canibalismo resulta prácticamente ignoto entre estos seres, sobre todo por razones sociales.

El organismo de un primate puede digerir de manera perfecta a sus congéneres. La carne humana no provocaría trastornos en nuestro cuerpo. Pero la supervivencia de la especie peligraría si, en lugar de comernos a otros animales, nos dedicásemos a devorar al prójimo.

Canibalismo ritual

La antropofagia jamás ha tenido carácter frecuente, un canibalismo ocasional que ni tan siquiera entre el puñado de pueblos que la han practicado.

LOS EUROPEOS COLGARON EL SAMBENITO DEL CANIBALISMO A MÁS DE UNA TRIBU QUE JAMÁS LO PRACTICÓ

De todas formas, el canibalismo no ha desaparecido en el mundo entero hasta el siglo veinte. En opinión de los arqueólogos, algunos ancestros nuestros, los hombres de la ciudad de Pekín y de Java, por poner un ejemplo, que vivieron hace 500.000  años  pudieron ser caníbales, a juzgar por los agujeros detectados en la base de abundantes cráneos, que parecen sugerir la extracción de la masa encefálica.

Se ignora si habituaban devorar el resto del cuerpo, si bien la ingestión del cerebro sugiere un motivo ritual.

La antropofagia en la antigüedad

En Grecia.

Los antiguos griegos muy apasionados a las crónicas de viajes, dejaron perseverancia de la antropofagia practicada por algunos bárbaros.

En una obra redada hacia el 450 a.C. Herodoto comenta el canibalismo de los escitas, nómadas establecidos allende del Caspio.

Además de señalar que habituaban comerse a sus contrincantes, el historiador notifica de otros extremos tenidos hasta hace poco por falsos. La arqueología moderna  ha probado la exactitud de muchas consideraciones de Herodoto, por lo que no puede descartarse la presunta antropofagia de los escitas.

Medievo superior

En el Medievo Superior, Marco Polo aporta testimonio del canibalismo practicado por ciertas tribus primitivas de China y Tíbet.

Si bien era  peligroso dar crédito a unas crónicas donde se nos habla de “salvajes con la cabeza bajo los hombros”, se ha probado la precisión de ciertas aseveraciones.

Canibalismo en Europa.

En la prehistoria europea pudo existir asimismo la antropofagia. En lo que se refiere a los tiempos históricos, las crónicas medievales hablan asedios y epidemias en las que la gente prefería fallecer antes que transformarse en caníbales.

En situaciones extremas se llegó a ingerir ratas, perros y gatos, calzados, ropas e inclusive excrementos, pero no se tocó la carne humana.

El tabú persistió, a pesar de la actitud comprensiva de la Iglesia Católica, que deja la antropofagia en casos extremos. La ingestión de carne humana por imperativos fisiológicos ha sido todavía más extraña que el canibalismo ritual.

Melanesia. Las islas Fidji.

Diríase que en ciertos países la carne humana era una más entre las variedades comibles. Tal parece desprenderse de la expresión “cerdos largos”, aplicada a las víctimas devoradas por algunos pueblos de la Melanesia.

Sin embargo, el cauteloso recuento llevado a cabo por los caciques de las islas Fidji, supuestos devoradores de hombres, sugiere la existencia de razones no solamente dietéticas.

Las crónicas acusan de canibalismo a los ancestros de los fidjianos, si bien estos testimonios proceden de misioneros cuyo rigor ético quizá les impidió mirar con precisión todas y cada una de las circunstancias.

Una gran parte de nuestros conocimientos sobre este aspecto de las islas Fidji se fundamentan en relatos de los misioneros metodistas, como el reverendo John Hunt, según el cual los indígenas se embelesaban con la carne humana.

Si tenemos que opinar cuanto se dice, los fidjianos de aquel tiempo habituaban asar vivas a sus víctimas, entre aquéllas que figuraban muchos náufragos.

De los detalles conocidos sobre ciertas costumbres fidjianas, se infiere que la carne no recubría principal relevancia. Las víctimas eran objeto de insultos, se les torturaba, se les arrancaba la lengua y los brazos y se les forzaba en ocasiones a comer sus miembros.

El motivo de esta conducta hubo de ser la venganza, puesto que los isleños prácticamente siempre estaban en guerra.

De cualquier forma, no hay duda de que sus ritos tenían motivaciones extrañas a la simple necesidad fisiológica. El comer a un oponente poderoso era una protección contra las posibles represalias de su espíritu.

El valor y la fortaleza del sacrificado pasaban al cuerpo de su devorador, quien de esta manera probaba su vigor derrotan do al un contrincante poderoso, y escarmentaba a sus oponentes.

Antropofagia fidjiana

Se ha arriesgado la hipótesis de una antropofagia fidjiana motivada por la carencia de animales, aparte de las ratas capaces de aportar suficientes proteínas.

Efectivamente, las ratas habrían resultado inapropiadas para semejantes fines. Pero las opiniones asociadas con el canibalismo eran de relevancia considerablemente mayor.

Los viejos fidjianos pensaban que el sacrificio humano era agradable a los dioses. Además de esto, las calaveras de las víctimas se empleaban en ritos y liturgias religiosas, de forma que los motivos no podían limitarse al deseo de alimentarse.

Motivos del canibalismo

La consideración del canibalismo como simple hábito alimentario es incorrecta. Se ha asegurado que los batak, en temporadas precedentes al dominio holandés, vendían carne humana en la plaza pública.

Además de la imposibilidad de probar este aserto, no puede olvidarse que los batak son un pueblo de mentalidad muy compleja.

Normalmente, el canibalismo se fundamenta en la creencia de que comiéndose a otra persona se consiguen sus cualidades.

Probablemente se justifique con el argumento de que hay una trasferencia de vigor o de vitalidad, con lo que como resulta lógico, siempre se va a preferir la carne de un gran guerrero a la de un cobarde.

En lo que se refiere a los sacrificios humanos, podría tratarse de una extensión de exactamente la misma idea. Se ofrenda el vigor de la víctima a los dioses o bien a los ancestros de la tribu.

No cabe duda de que las dos ideas justifican el término del sacrificio humano. Abraham no titubeó cuando se le solicitó que sacrificara a Isaac, su bien más preciado.

Los antiguos aztecas ofrendaban un corazón aún palpitante a los dioses, y se repartían la carne del cadáver. Curiosamente, los primeros misioneros, responsables en una gran parte de las exageraciones propagadas en torno a los antropófagos no acertaron a ver la relación entre los ritos de los caníbales y la simbólica ingestión del “cuerpo y la sangre de Jesucristo” en el sacramento de la eucaristía. A pesar de esto, no pueden pasarse por alto las notables diferencias respecto del carácter incruento pues actúa con elementos vegetales, pan y vino del rito cristiano.

Pueblos y etnias caníbales

El canibalismo, si lo hubo, pudo deberse a razones ininteligibles para nosotros. Sin embargo, ciertos pueblos castigados por epidemias de hambre pudieron ver en la antropofagia una solución a sus apuros, si bien, de no acompañarla de alguna justificación ideológica, ello les generó sin ningún género de dudas graves trastornos psicológicos.

Ciertas tribus norteamericanas estuvieron al filo de la muerte por inanición. Cuando faltaba la caza, en la costa siempre cabía recurrir a la pesca. Pero donde se carecía de estas fuentes de abastecimiento, era ineludible que brotara la posibilidad del canibalismo.

Los ojibwas

Los ojibwas tenían por grave enfermedad psíquica el ansia de comer carne humana. Para ellos era una forma de posesión ocasionada por el Windigo, enorme ser caníbal que habitaba en los bosques.

Etnia kwakiutl

La idea de la antropofagia asimismo apareció ocasionalmente entre los kwakiutl, aquejados del mismo problema que los ojibwas.

Solo en circunstancias inusuales se vencía la repugnancia, prácticamente siempre por razones rituales muy específicas. Por ser un acto tan anormal, la ingestión de carne humana formaba una parte de las liturgias iniciatoria.

Los asmat

Los ancestros de los guerreros asmat de Nueva Guinea practicaron el endocanibalismo o bien ingestión de los restos de los familiares, a fin de conservar su “fuerza vital”.

Antropofagia amerindia

Los datos más completos sobre la antropofagia amerindia proceden de Sudamérica, y se refieren a la ingestión de personas pertenecientes al mismo grupo o endocanibalismo.

Con estos actos se rinde un homenaje de respeto y cariño al fallecido, cuyas cualidades, singularmente su “fuerza vital”, pasan a los familiares y amigos. El término básico es exactamente el mismo que inspiró entre los fidjianos el sacrificio de un adversario: transmisión de valor y fortaleza.

Amahuacas peruanos

Los amahuacas peruanos practican el endocanibalismo. Para no desaprovechar la esencia vital del fallecido, sus deudos calcinan el cadáver y lo disminuyen a polvo, ingiriéndolo ahora en forma de gachas.

Yanomanos brasileiros

Los yanomanos brasileiros fortalecen sus coaliciones con las aldeas vecinas compartiendo los restos calcinados de los respectivos fallecidos.

Los birhori

Los birhori establecidos en la altiplanicie de Chota Nagpur (India) tenían la convicción de que el fallecido prefería nutrir a los suyos, ya antes que corromperse en la tierra, puesto que de esta forma su espíritu pervivía dentro de otra persona.

Indígenas australianos

Los indígenas australianos tomaban el jugo destilado de los cadáveres ahumados de sus familiares, aguardando percibir su sabiduría.

Canibalismo en África

Muy semejantes son las razones esgrimidas por algunos caníbales africanos. Múltiples pueblos de la meseta de Jos, en Nigeria central, practicaron asimismo el endocanibalismo. Sin embargo, como sucede en otros lugares, muchos informes proceden de misioneros y resultan de imposible comprobación.

Los Azandes

Gran fama de caníbales tuvieron los azandes, que habitan a caballo de la frontera entre Sudán y Zaire, pero la revisión de los datos conocidos prueba que se han ido repitiendo exactamente los mismos relatos, en su mayor parte inspirados por simples leyendas.

De todas maneras no puede descartarse la antropofagia de los viejos azandes y otro tanto cabría decir de otros pueblos establecidos en el centro del continente negro.

La tribu bangala

La tribu bangala, costera del Congo, practicó prácticamente con certidumbre el canibalismo. El misionero John Weeks notificó sobre las incursiones nocturnas de estas gentes contra las aldeas vecinas, señalando que una de las partidas retornó en determinada ocasión con múltiples miembros humanos troceados. Al día después le ofrecieron una carne muy sospechosa.