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Etnias

Beduinos

  • Población: 9 395 000 personas
  • Religión: Islam
  • Idioma: Árabe

 

Quienes son los beduinos.

En muchas zonas del planeta hay desiertos y la mayor parte de ellos cobija a pueblos nómadas que recorren sus zonas limítrofes.

La tierra desértica por antonomasia es Arabia y solo los beduinos cuyo nombre significa “moradores del desierto” en idioma árabe han sabido subsistir en aquellas soledades enormes.

Poquísimos occidentales conocen bien sus hábitos y aún son menos los que han residido entre ellos.

 

Cómo son los beduinos.

Los beduinos son soberbios, susceptibles y también independientes, pero su característica más notable es la hospitalidad, como lo testimonian los relatos de tantos exploradores.

Uno de estos exploradores, el holandés Daniel van der Meulen tuvo ocasión de familiarizarse con estas gentes en los viajes efectuados entre 1926 y 1972 pero sobre todo en los diez años que pasó en Arabia Saudita.

Beduinos haciendo el desayuno

Sus contactos con los beduinos tuvieron lugar particularmente en las zonas más pacíficas y seguras, desgraciadamente no demasiado rebosantes.

En el momento en que una zona estaba en guerra, el temor imponía su ley. Era de todo punto preciso contar con guías de la tribu dominante, a la que debía satisfacerse un tributo, fijado tras muchos regateos por atravesar su territorio.

Con frecuencia se encontraba con una prohibición terminante y entonces la caravana no tenía más remedio que dar un largo rodeo para eludir los riesgos.

Van der Meulen escribió sus pericias en un el libro Aden to the Hadhramaut: A journey in South Arabia en el cual se puede leer.

“Nunca voy a olvidar, cuenta en uno de sus escritos la reacción de aquel beduino cuyo único cobijo era una miserable tienda de piel de cabra.

Tras desearme larga paz y dicha, me acogió amablemente y se puso a mi completa disposición, asegurando que le honraría compartir conmigo la exuberancia que Alá le había dispensado. ¿Qué hacer en un caso como este, como no sea admitir el ofrecimiento, sentarse al lado del desprendido anfitrión y participar de su pan duro, comer algo de arroz y tomar un tanto de leche agria?.

Todo está sucio y tiene arena, pero uno come con fingida fruición, alaba la excelencia del imprevisto alimento y gana un amigo de por vida.”

Otro encuentro de Van der Meulen ilustra exactamente el mismo razonamiento. En esta esta ocasión los hechos contados por el viajante ocurrieron en el tope meridional de la llamada Extensión Desierta, base de partida para los grupos que se internan en el desierto cuando llegan las lluvias.

Habíamos dejado atrás el pozo de Bir Tamís, contaminado por las boñigas de camello que alguna tormenta debió lanzar en su interior.

La carencia de agua empezaba a preocuparnos, cuando el guía recordó un sitio donde acostumbraba a vivir una familia de beduinos. Separándonos de la lenta caravana, los dos nos pusimos velozmente en marcha hacia aquel punto y tuvimos la suerte de dar con una enorme charca formada por la lluvia.

Mi compañero llenó la cantimplora y, cuando los dos hubimos saciado nuestra sed, expresé mis deseos de conocer a la familia beduina que percibíamos a determinada distancia, sentada en torno a su comida.

El guía se adelantó para advertirles de mi presencia y cuando me hizo una señal me aproximé a saludarles. Los pequeños se escondieron tras la madre, sin dejar de observarme fijamente. Tras saludarme con un apretón de manos, el padre me invitó a participar de su comida, consistente en suero de manteca, leche agria y queso.

Toda la familia, instalada en frente de la cavidad de una pared rocosa, vivía al raso, día y noche. Solo en las noches de invierno se protegían en una gruta que compartían con los chotos del rebaño, intentando calentarse mutuamente.”

Los beduinos de esta zona tienen la tez más obscura que los del resto de la península Arábica.

Habitan una zona de unos dos 2,5 millones de kilómetros cuadrados, que tiene en la Extensión Desierta el mayor desierto arenisco del planeta.

Las condiciones de su interior lo hacen inalcanzable, aun para los beduinos mejor preparados.

La diversidad ambiental, las inmensas distancias y la soledad han creado enormes diferencias entre los beduinos del Hadramaut o bien los cavernícolas, prácticamente negros, establecidos en las lindes meridionales de la Extensión Desierta, por servirnos de un ejemplo y los de Jordania o el norte de la Arabia Saudita.

 

Religión.

Es conocido que entre los nómadas del Sur perduran muchas costumbres paganas.

Todo lo opuesto sucede en el Norte, y singularmente en la Arabia Saudita, donde se practica el islamismo más ortodoxo del planeta musulmán.

Los fieles llenan la Gran Mezquita de la Meca, su techo y todas las áreas a su alrededor durante las oraciones nocturnas

Las caravanas que pasan por esta zona de la península observan fielmente todas y cada una de las reglas religiosas.

Un poco antes del amanecer, sigue relatando Van der Meulen, se oían los cantos de los jefes de la caravana, convocando a los fieles al rezo matinal.

En pleno invierno y a unos mil metros de altitud, la temperatura nocturna de aquella meseta acostumbraba a descender bajo cero.

En el momento en que me despertaban los preparativos de la oración, seguía bien arropado en el saco de dormir y observaba los movimientos de mis compañeros. Helados de frío, se incorporaban, procedían a frotarse el cuerpo con arena y ocupaban su sitio tras el jefe. Cuando amanecía, me distanciaba del campamento con mi biblia bajo el brazo y procuraba un lugar radiante.

A poco de comenzar la travesía, el jefe de la caravana me preguntó si era ateo. ‘No, respondí, soy fiel, cristiano. Debí explicarle que rezaba asimismo todos y cada uno de los días, si bien no me viese hacerlo. Le afirmé que para esto me separaba del campamento con mi libro, pues los cristianos podíamos rezar en cualquier situación, sentados, arrodillados, de pie o bien tumbados en la cama. Nos bastaba con cerrar los ojos, unir las manos y dirigirnos al Dios de los cielos.

No conocía vuestras costumbres, me contestó, pero me alegra saber que en la caravana no hay ateos, puesto que de este modo todos vamos a poder percibir las bendiciones del Altísimo. Mas ¿por qué razón no os purificáis ni mostráis actitudes reverentes ante vuestro Dios? ¿No os preparáis apropiadamente para presentaros frente a un rey? ¿De qué manera no hacer otro tanto cuando nuestro interlocutor es el Dios del Cosmos?’ Debo confesar que no hallé contestación para su pregunta.

Y sigue su relato…

Aquel beduino sencillo y piadoso, miembro de la cofradía guerrera de los ajuan o hermanos, los seguidores más fieles al rey Ibn Saud, me había desconcertado”.

 

Los beduinos, un pueblo nómada.

El desierto estuvo vedado al hombre ya antes de la domesticación del camello. Solo fue posible atravesar las vastas extensiones de piedra y arena tras un proceso de domesticación, cuya duración se ignora. El esfuerzo rindió ciento por uno, pues el camello reunía dos cualidades inestimables: vigor y resistencia.

Beduino en camello

Aparte de dar geniales resultados como montura o bien bestia de carga, probó que podía resistir muchos días sin beber, el camello reconoce además de esto la voz de su dueño y es sensible a su buen trato.

Cuando se descubrieron sus espléndidas cualidades se generó una perfecta simbiosis entre hombre y camello. Juntos se internaron en un nuevo planeta de arena, donde la supervivencia dependía del buen comprensión entre las dos partes.

Los hombres que consiguieron aquella victoria sobre la naturaleza eran los ancestros de los beduinos.

Poquito a poco fueron conquistando el mar de arena y piedra, siempre y en todo momento a lomos de sus monturas. El nomadismo llegó de forma natural cuando se dispuso de medios para continuar el rumbo de las antojadizas nubes, con su cortejo de lluvias y flora.

La lucha rutinaria por la existencia les hizo duros y correosos. El pequeño grupo original fue expandiéndose hasta convertirse en una tribu fuerte, unida, recelosa de los pueblos vecinos, presta a combatir por unos hierbajos o bien por los contados pozos que el desierto ofrece al viajante.

Los nómadas se esfuerzan a respetar los acuerdos de amistad acordados de palabra por sus ancestros con los grupos sedentarios de los uadi o valles, o bien del borde del desierto, recibiendo a cambio dátiles y otros productos agrícolas de los campesinos acogidos a esta protección.

En las zonas lindantes hubo frecuentemente relaciones cordiales.

Dentro del desierto, solo existe la ley del más fuerte y la lucha por subsistir.

Esta forma de vida se ha visto perjudicada en muchos lugares por la súbita prosperidad deparada por el petróleo, puesto que los grandes aljibes construidos por las compañías petroleras han hecho superflua la eterna peregrinación en pos de agua.

 

Los beduinos, un pueblo guerrero.

A lo largo de siglos se vio en la guerra un ejercicio imprescindible. Lógica consecuencia de esta mentalidad fueron las incursiones contra los conjuntos vecinos a los que se desposeía de sus posesiones.

un grupo de beduinos se dispone a reiniciar la marcha. De esta manera vivieron sus ancestros, recorriendo sin reposo los enormes desiertos de Arabia

 ** un grupo de beduinos se dispone a reiniciar la marcha. De esta manera vivieron sus ancestros, recorriendo sin reposo los enormes desiertos de Arabia. **

El pillaje supuso inseguridad para el viajante o para el explorador, siempre expuesto a quedar atrapado en una de aquellas eternas disputas entre facciones contrincantes.
No extraña que los desiertos de Arabia figurasen entre las últimas zonas exploradas del planeta.

De ellos, el que más tiempo resistió la última fortaleza, sería la Extensión Desierta fue bastante difícil lograr guías que osaran aventurarse en esta zona de la península Arábica.

 

Exploración europea de Arabia.

Bertram Thomas lo cruzó en 1930 de sur a norte, merced a un valiente grupo de beduinos elegidos y a sus conocidos camellos omaníes.

No obstante, aquello no fue más que una travesía, una suerte de reto a la muerte. Años después llegaría el genuino explorador de este desierto, John Philby, si bien es justo apuntar que se sirvió de automóviles a motor.

Le seguiría otro inglés, Wilfred Thesiger, recorriéndolo en múltiples ocasiones a lomos de camello y en compañía de dos fieles beduinos cuyas proezas, testimonio de las cualidades que adornan al genuino hombre del desierto, aun se recuerdan.

Hoy en día, los automóviles terrestres y aéreos han arrebatado a estas gentes la primacía en el desierto, centro de dos grandes movimientos históricos que estaban destinados a cambiar la faz del planeta.

En los dos casos, los beduinos ocuparon un lugar preeminente.

 

Arabia, cuna del islamismo.

Todo empezó en La Meca, una de las urbes más viejas de la península, centro de intercambio para las caravanas que hacían la senda del incienso y meta de peregrinos llegados de toda Arabia.

La Meca tenía la piedra cúbica de la Kaaba, donde se adoraba a los dioses y diosas de las tribus árabes preislámicas.

EN AQUELLA URBE DE LA MECA VINO AL MUNDO MOHAMMED IBN ABDULLAH AL HASHIMI EN EL AÑO 571 DE LA ERA CRISTIANA

Mahoma sintió la llamada de Dios, aunque tras más de un decenio de predicación ineficaz tuvo que emigrar de su tierra natal.

En Medina, la otra gran urbe del Hejaz, se le recibió bien y no tardó en cambiar su suerte, puesto que llegó a cobrar preeminencia en los campos religioso, social y político.

Medina en Arabia Saudi

Entró en contacto con los jefes beduinos de los alrededores, fustigándoles sin miramientos por su idolatría y escepticismo frente a la nueva religión.

El profeta del Único y Auténtico Dios fue consiguiendo conversiones entre los beduinos, hasta lograr la participación de muchos de ellos en sus expediciones contra La Meca.

La fe en el Dios Único, el Dios de toda Arabia terminó por unir a los nómadas en una misión común, la extensión del mensaje de Ala por toda la faz de la tierra.

 

La unión de los beduinos en una empresa común.

Abandonando los desiertos para imponer la nueva religión a través de la guerra santa, los beduinos formaron la fuerza de choque de los ejércitos musulmanes.

Por vez primera se unían para impulsar una causa común que les ofrecería victorias concluyentes sobre el oponente, a pesar del pobre armamento y a la desorganización de aquellos guerreros.

Creían en el mérito del calvario por la fe, pero apreciaban asimismo la vida y aguardaban lucrarse con el botín.

Los guerreros beduinos fueron los pilares de un imperio que, a lo largo de tres siglos, marcaría la pauta del progreso político, científico y cultural del planeta.

Cuando el vigor de sus conquistas languideció, los cabecillas retornaron a sus desiertos, fortalezas inconquistable de donde no había poder humano capaz de desocuparlos.

En las dunas se reunieron con sus hermanos beduinos. Volvieron la espalda al mundo, y este se olvidó de ellos.

 

Mohammed ibn Abdul Wahhab, precursor del islamismo más ortodoxo.

En el siglo XVIII apareció entre los hombres del desierto un nuevo reverendo, Mohammed ibn Abdul Wahhab.

Esta vez el escenario del renacer no sería el Hejaz, sino más bien el sultanato de Neyed, enclave en pleno corazón de Arabia.

Abdul Wahhab completó sus estudios religiosos en Irak y, de regreso al desierto, como ya le ocurriese ya antes en La Meca, entendió que su pueblo se había separado de la ortodoxia islámica.

Dispuesto a corregir el fallo, empezó a predicar el retorno a las fuentes, esto es, el respeto al espíritu y la letra del Corán, dictado por Dios a Mahoma.

Sus posibilidades de éxito habrían sido nulas de no haber trabado amistad con el gran Ibn Saud, sultán del Neyed, a quien persuadió a fin de que apoyara la causa con sus efectivos militares.
Entonces el panorama cambió por completo, pues los beduinos entienden y admiten el razonamiento de la espada puesta al servicio de Alá.

 

La llegada del wahhabismo.

De esta manera nació un movimiento ortodoxo “el wahhabismo”, conservador y en consecuencia opuesto a la libre interpretación de los textos sagrados, que se extendió por toda la Arabia central. De nuevo, los beduinos fanatizados probaron ser insuperables en la guerra del desierto.

Los puritanos del Islam se plantearon conquistar La Meca, aseverando que aquel centro de peregrinaciones se había transformado en un foco de corrupción, negocios y también inmoralidades.

Los wahhabfes o uahabitas juraron no descansar hasta haberla tomado y purificado.

Cumplieron su palabra en 1803, haciendo una “purificación” que anegó de sangre las calles de la urbe.

CON AQUELLA MATANZA, EL WAHABISMO DEJABA DE SER UN MOVIMIENTO LOCAL PARA TRANSFORMARSE EN UN PROBLEMA INTERNACIONAL

Como el Hejaz formaba una parte del imperio otomano, el sultán de Constantinopla ordenó la salida de una fuerza expedicionaria desde Egipto, que era uno de sus Estados vasallos más poderosos.

En 1812 los egipcios tomaron Medina, Jidda y La Meca, pero no se atrevieron a perseguir a los beduinos que se refugiaron en el desierto.

Una campaña muy semejante se repetiría años después, pero esta vez las fuerzas egipcias hostigaron a los fugitivos wahhabíes hasta las murallas de su capital.

Por primera vez en una guerra del desierto, los expedicionarios usaron piezas de artillería, tomando Al-Diriyah tras un par de meses de asedio.

Llevados los cabecillas de la rebelión a Constantinopla, se les ejecutó en la plaza pública.

Las armas aplastaron la revuelta beduina en el desierto, pero no lograron terminar con el wahhabismo.

Sus seguidores se limitaron a aguardar la llegada de un nuevo mandato de Dios, quien al fin aparecería a principios del siglo actual.

Volvieron a surgir del desierto con un reducido grupo de camaradas beduinos. Se plantaron ante los muros de Riad, nuevo centro wahhabí, y  tomaron la urbe por sorpresa, empezando reconquista del sultanato de sus ancestros.

Apoyado por los fanáticos ajuan, en pocos años consiguió apoderarse de toda la Arabia central.

Pero aquello no bastaba, sus proyectos consistían en recobrar la Tierra Santa del islamismo para transformarla en una nación wahhabí.

A fines de 1925 entró en Jidda, el último bastión que se resistía en el Hejaz.

El dominio wahhabí tuvo efectos inmediatos y profundos en toda la zona, devastada hasta ese momento por bandas de maleantes beduinos llamados “los perros del Hejaz”, que vivían del hurto a los peregrinos que viajaban entre La Meca y Medina.

Si bien Ibn Saud tuvo algunos problemas para imponerse en los núcleos urbanos, era un jefe nato y supo solucionar con rapidez el inconveniente de la seguridad en el desierto cortando de raíz, con castigos ejemplares, las viejas disputas entre las tribus.

Sin embargo, aún le quedaba una grave decisión por tomar sobre los ajuan. Concluida la guerra y afianzado el mayor Estado árabe de la península, los beduinos debían abandonar a la idea de llevar más allá de sus fronteras su fe religiosa.

Pero los nómadas no lo entendían. ¿No debía llevarse la purificación religiosa más allá de la Arabia Saudita?

 

Los beduinos y su adaptación a la vida sedentaria.

Presto a hacer de sus beduinos un pueblo sedentario, Ibn Saud dispuso su traslado a colonias agrícolas, donde pudiesen ganarse la vida trabajando la tierra.

La vestimenta de este individuo consiste en una túnica holgada y la famosa prenda de cabeza, indispensable a lo largo de siglos para resguardarse de los ardores solares y de las ventiscas de arena.

Además con esto, así siempre y en toda circunstancia se podría echar mano de ellos cuando fuesen precisos para proteger el reino con las armas. Las esperanzas del monarca quedaron pronto truncadas por la realidad, puesto que los nómadas jamás se entregaron por completo al nuevo estilo de vida.

No tardó en comprobarse que el cambio había sido demasiado profundo, exageradamente brusco.

No bastaba con dictar un decreto real para convertir algo que la naturaleza había moldeado en el trascurso de muchos siglos.

Si los beduinos habían menospreciado siempre al campesino que riega los sembrados con su sudor, ¿de qué manera solicitarles que imiten su conducta, renunciando a la libertad de movimientos y a los grandes espacios despoblados?

El ataque a la manera de vida nómada fue un completo descalabro. Todo volvió a la normalidad y los beduinos regresaron a la vida pobre, si bien libre, del desierto.

Ibn Saud precisaba dinero para actualizar el país.

Tanto el Corán como las Sagradas Escrituras refieren que Arabia generaba oro en tiempos de Salomón.

No era disparatado suponer la existencia de yacimientos ignorados o bien aún aprovechables, con lo que se decidió pedir la intervención de técnicos occidentales.

 

La llegada del petróleo.

Poco después, un equipo de geólogos estadounidenses encontraba y ponía en explotación las viejas minas.

Pero aquellos hombres hicieron considerablemente más, puesto que confirmaron la sospecha de que los desiertos de Arabia escondían grandes yacimientos del llamado Oro Negro.

Desaparecidas las incursiones bélicas, pasatiempo beduino por antonomasia, algunos ricos de la Arabia oriental entretienen su ocio con la halconería

Tras una serie de estudios geológicos, se supo qué el inhóspito mar de arena y piedra cobijaba las mayores reservas mundiales de hidrocarburos.

Cuando empezó a fluir el petróleo, las nuevas instalaciones precisaron un suministro seguro y rebosante de agua, y hubo que excavar muchos pozos.

A fin de granjearse la amistad de los beduinos, las compañías petroleras edificaron espaciosos aljibes, capaces de recoger toda el agua precisa para ellos y sus animales.

Al acrecentar el número de nómadas acampados en las proximidades de los pozos, se procedió a edificar enfermerías y después, escuelas para los pequeños de las tribus.

Aparecieron las primeras carreteras pavimentadas y líneas ferroviarias. Los camellos iban perdiendo relevancia. Ni siquiera se les aprovechaba por su leche o su carne, pues los bazares disponían ya de comestibles importados, mejores y más sabrosos que los del país.

A todo esto, los beduinos aún no habían comprendido el futuro que les aguardaba. Admitían los camiones viejos desechados por las compañías, empleándolos para el transporte de sus familias, útiles y animales jóvenes, mientras que los hombres conducían el resto del ganado en sus periódicos desplazamientos de los pastizales de invierno a los de verano.

La juventud se empleaba en los pozos de petróleo o bien en las refinerías.

Tras 6 meses de trabajo, retornaban al campamento con más dinero en el bolsillo del que nunca habían visto sus familiares juntos.

Invertían las pequeñas fortunas en la adquisición de un camello y una esposa, volvían al trabajo cuando se agotaban sus recursos, y medio año después estaban ya de regreso con su reloj de pulsera un otro artículo como las radios.

Era un milagro. Los adultos pasaban horas y horas sentados en torno a la caja parlante, escuchando una voz enigmática que les hablaba en su lengua.

Poco a poco se fue haciendo la luz y entendieron lo ocurrido. El mundo estaba cambiando en la fortaleza del desierto. Los camellos no servían para nada, eran inútiles frente a la velocidad y abaratamiento de otros medios de transporte.

El contacto de los jóvenes con los petroleros había provocado un cambio radical en sus vidas y en su mentalidad.

De un día para otro, la que fuera tierra de escasez y privaciones se había transformado en una de las zonas más ricas del orbe.

En la actualidad los beduinos que conocieron la otra vida están en extinción.

Con ellos se pierde su soberbio dominio del desierto, su amor por la libertad y las tradiciones. Jamás más volverán a contarse las viejas historias de siempre junto a la lumbre, en los campamentos nómadas de Arabia.

A continuación tienes un video revelador de la clase de sociedad que busca el wahabismo incluso en el siglo XXI.

 

FUENTES Y REFERENCIAS: