Asmat

Tribu Asmat
Tribu Asmat
  • Ubicación: Indonesia.
  • Personas: 70.000.
  • Idioma: Asmat, Asmat–Kamoro, Indonesio.
  • Religión: Creencias indígenas, cristianismo.

 

Dónde vive la etnia asmat.

La etnia de los asmat se encuentran concretamente en Papúa, provincia de Indonesia.

Los asmat viven junto a un litoral poco definido. Las costas pantanosas que aparecen cuando baja la marea no dejan establecer con precisión la línea donde el mar se transforma en playa.

En la marea alta el agua invade las marismas e inclusive cubre los postes que mantienen las casas de los asmat. Sus pueblos, inalcanzables por el lado del mar y protegidos al otro por las montañas, están parcialmente libres de ataques foráneos.

 

Mapa interactivo de Papúa (Indonesia).

Puedes ver a tamaño completo el mapa si lo deseas.

 

10 lugares que podemos ver si visitamos Papua en Indonesia.

Además de visitar los poblados de la tribu asmat, la provincia de Papúa nos porporcionará paisajes y lugares que deberiamos visitar antes de irnos. Os dejo 10 destinos que seguro que os gustarán.

  • Parque Nacional de Wasur.
  • Lago Love.
  • Montaña Ngga Pulu.
  • Montaña Jaya.
  • Montaña Punkak Trikora.
  • Ciudad de Jayapura.
  • Monumento Mac Athur.
  • Playa Holtekamp.
  • Playa de Lamp One.
  • Museo Lokabudaya Uncen.

 

Quienes son los asmat.

** La primera de las dos tribus que visita el protagonista es la Asmat.

El nombre de asmat se aplica a las tribus y al área de manglares y bosques pantanosos donde viven.

Esta tribu antiguamente se denominaba irian jaya.

Espantosas historias sobre los cazadores de cabezas han engrosado el acervo de la historia de leyendas populares.

Algunas tribus practican aún estas costumbres ancestrales. A pesar de la tarea de los misioneros y los reiterados sacrificios del Gobierno de Indonesia dirigidos a eliminar dicha costumbre, los asmat que habitan en la zona occidental de Nueva Guinea sostienen estos ritos macabros.

 

Leyendas y mitos de los asmat.

Cuando se preparan para un ataque, sus guerreros se arman de arcos, lanzas y flechas y se ponen muñequeras de caña para robustecer sus brazos.

A fin de acrecentar su ferocidad en la batalla los guerreros asmat
A fin de acrecentar su ferocidad en la batalla los guerreros asmat llevan un ornamento en la nariz y se ha introducido resina en las fosas nasales. Además de esto presenta los pómulos pintados con amarillo.

Se adornan la cabeza con tiras de piel de cous cous, marsupial de hábitos arborícolas, y cuelgan gallardetes de plumas blancas en los canaletes de las canoas, pintadas de amarillento y cal pulverizada.

Tras desplazarse sigilosamente por el río, al amanecer los cazadores de cabezas atacan al poblado elegido por sorpresa, una táctica bélica común en el mundo entero.

Un conjunto de reconocimiento toma tierra y, si no hay aviso de alarma, la expedición que va en la canoa da la señal de ataque lanzando al aire cal en polvo.

Las víctimas, atrapadas de improviso, no pueden defenderse. Entre cantos de victoria, los asmat toman los cadáveres y los llevan a un río en cuyos remolinos viven los espíritus.

A la ribera del mismo, cavan una zanja del tamaño de un cuerpo humano y arrastran a todos y cada uno de los cadáveres por ella, chillando a los espíritus: “Ya no tenéis motivo para atacarnos, hemos vengado a nuestros fallecidos. Dejadnos vivir en paz”. Los espíritus quedan satisfechos. No de este modo el pueblo atacado, que en ocasiones procede a desquitarse.

Los asaltantes cortan las cabezas y miembros de sus víctimas con cuchillos de bambú y se llevan a casa los cadáveres desmembrados.

Las mujeres acompañan a los hombres al yeu, la casa de las liturgias.

Los yeu están ubicados al lado del río y las residencias familiares un tanto más atrás de éste.

Esta es una de las extrañas ocasiones en que se deja la entrada de las mujeres en aquel sitio. Allá cuecen las cabezas y les quitan la piel. Hacen un orificio en la sien con la punía de un hacha de piedra y extraen sexos los para comerlos.

Entonces apartan la quijada, que los guerreros se cuelgan en el cuello como ornamento y trofeo.

 

Ritual de iniciación.

A lo largo del sueño, los asmat apoyan la cabeza sobre las calaveras de sus ancestros para heredar sus cualidades y bravura.
A lo largo del sueño, los asmat apoyan la cabeza sobre las calaveras de sus ancestros para heredar sus cualidades y bravura. Con idénticos fines acostumbran a servirse asimismo de las calaveras de sus víctimas, cuyas mandíbulas cuelgan alrededor del cuello como trofeo.

La calavera tiene suma importancia en todos y cada uno de los aspectos de la vida de los asmat.

En las liturgias de iniciación los jóvenes tienen la obligación de contemplar fijamente una de ellas a lo largo de 2 o bien 3 días. Se limpia la calavera como establece la tradición y se la pinta con ocre, ceniza y cal.

Se rellena la nariz con resina y se traza un dibujo que cubre su superficie, adornada además de esto con abalorios y borlas de plumas de casuario.

La calavera de este modo decorada se pone entre las piernas del comenzado, o bien en su ingle, continuando allá 2 o bien 3 días, a fin de que el chaval la mire continuamente.

 

Ceremonias de hermanamiento entre pueblos.

Si bien temidos como tribu guerrera, algunas de sus costumbres muestran el lado noble de su naturaleza.

Particularmente en lo concerniente a sus ritos de parentesco. La adopción de adultos, el ritual tasor juwi ha evolucionado por medio de los años para atenuar las tensiones entre los poblados vecinos.

Los asmat asmat utilizan ágilmente sus canoas para moverse por el rio.
Los asmat asmat utilizan ágilmente sus canoas para moverse por el rio.

Por poner un ejemplo, dos pueblos, Basim y Wares, desearon estrechar sus vínculos y relaciones. Para ello 3 hombres y 3 mujeres de Wares, todos casados, se hicieron hijos “adoptivos” de las familias de Basim.

Las mujeres de las casas que se ocupaban de la adopción trenzaron serpentinas de palma de sagú y las pusieron en el pelo de los 6 “pequeños” pintándoles la cara con ocre y cal. También les pusieron en el ombligo finas cintas de caña, símbolos del cordón umbilical.

Entre el vibrar y retumbar de tambores, los pequeños y los progenitores entraron en un corredor de palmas entrelazadas, preparado a este respecto en la casa de las liturgias.

Los hombres de Basim se tumbaron cara al suelo con los hombros juntos, mientras que las mujeres continuaban de pie, con los pies abiertos y dándose la cara.

El aspecto de los integrantes de esta tribu debieron sorprender a los primeros europeos que llegaron a Papúa.
El aspecto de los integrantes de esta tribu debieron sorprender a los primeros europeos que llegaron a Papúa.

Los adoptados reptaron por este corredor mientras que las mujeres gemían como en el parto y las parteras asistían a las supuestas madres y abrían los ojos de los recién nacidos.

Los progenitores anunciaron orgullosos al resto del pueblo el sexo, salud y feliz alumbramiento de los pequeños.

Las hijas de Wares, tras su nuevo nacimiento, se echaban en brazos de sus progenitores de Basim, simulando dormir a lo largo de unos minutos como en un sueño infantil.

La alegría y el jolgorio juvenil duró múltiples días. Los hombres imitaban el aprendizaje de la caza y las mujeres el de la pesca, recorriendo el río con una red o bien buscando mariscos en el fango y entre las rocas aprovechando la marea baja, y jugaban con los pequeños de uno y otro pueblo.

Después, los tres hombres y las tres mujeres volvieron a sus hogares para continuar con sus familias.

Estas liturgias y vínculos simbólicos sirven frecuentemente para sostener la paz entre los poblados asmat. Hay asimismo casos de auténtica adopción.

Si por ejemplo, el hijo de un hombre es asesinado en una incursión, el pueblo invasor puede ofrecer otro de edad afín para dar cumplida satisfacción y desagravio y eludir de esta manera la revancha.

Si renacen las hostilidades, el chico va a poder actuar como mensajero entre los 2 pueblos, sin riesgo de ser asesinado en ninguno de ellos.

El Gobierno de Indonesia estimula esto último como un mal menor para frenar la costumbre de la caza de cabezas.

 

El Yeu o casa de ceremonias.

La construcción más esencial de un pueblo asmat es el yeu. Existen múltiples, todos de cara al río, pero el más grande es la casa de liturgias o ceremonias.

Yeu o casa de ceremonias.
Yeu o casa de ceremonias.

El yeu es asimismo el hogar de los solteros y los casados, donde los primeros pasan la mayoría de su tiempo.

En el yeu primordial se festejan todas y cada una de las liturgias, festividades y danzas. También se guardan las máscaras y tambores.

De interés
Los yeu, construidos sobre postes, sirven de casa ritual y escuela, donde las mujeres solo pueden asistir algunas veces.

Las restantes casas  Yeu están lejos del río y no necesariamente orientadas cara mismo.

Desde el yeu los hombres pueden ver en todo instante quién se aproxima al pueblo y resguardarlo en caso preciso de un ataque exterior. Asimismo pueden revisar si las mujeres se dedican a la pesca o bien pierden el tiempo charlando.

En el yeu hay 2 hogares, uno aguas arriba del río y otro aguas abajo, aparte de un tercero en el centro que pertenece a toda la comunidad.

 

La celebración del árbol madre.

El árbol del sagú, dador de vida, es símbolo de la mujer.

Como el sagú sale del centro del árbol, el pequeño sale del cuerpo de la mujer. Esta identidad se acentúa toda vez que se festeja un ritual de alguna relevancia, por poner un ejemplo, la celebración del árbol madre.

Las esculturas asmat son apreciadas por coleccionistas de todo el mundo
Las esculturas asmat son apreciadas por coleccionistas de todo el mundo.

Se escoge un espléndido árbol de sagú, a ser posible uno que esté en la totalidad de su vida. Se arrancan del leño las ramas más bajas y lo visten con una falda confeccionada con las hojas del vestido de una mujer. Como cada humano contiene elementos masculinos y femeninos, la falda de la mujer se decora con símbolos masculinos.

Una vez vestido, el árbol va a ser el árbol madre.

El ritual de la tala de estos árboles recuerda de múltiples modos la muerte de un hombre a lo largo de una incursión.

Los guerreros más relevantes de la comunidad yeu, a la que pertenece el árbol, asisten a la celebración invitados a contar las proezas efectuadas en las expediciones de caza humana.

Los guerreros que se preparan para la caza de cabezas cuentan esta clase de historias. Se trata de una liturgia mágica con la que pretenden atemorizar al contrincante por adelantado.

Tras esto, se invita a los miembros primordiales de la comunidad a realizar cortes en la base del árbol con un hacha. Los dueños, la célula familiar en cuya zona ha crecido el sagú, terminan de cortarlo.

Por el hecho de suministrar el árbol, aquel grupo familiar se transforma en patrocinador de la celebración.

Tan pronto como se desmorona, atacan al árbol tal y como si fuera un contrincante preso. A continuación lo limpian, lo descortezan y le quitan las hojas grandes, reservando sin embargo las de la copa para hacer una suerte de bandeja.

Ahora los patrocinadores esculpen en el leño una pequeña reproducción de la casa yeu.

En las seis semanas siguientes, a lo largo de las que solo incuban las larvas del escarabajo Capricornio alojado en el árbol caído, se toma la hoja escogida del árbol madre y se hace con ella otra bandeja, plegándola de forma que forme un recipiente cuadrangular.

Tras seis semanas se repite nuevamente el ataque al árbol. Con chillidos y aullidos, cortan longitudinalmente el tronco, dejando al descubierto las larvas del interior.

Con gran algarabía las transportan al yeu, tal y como si de un guerrero asesinado se tratase, y las depositan en el “an”, el ancho recipiente cuadrangular confeccionado con la hoja.

En la cultura asmat, el “an” es un símbolo sexual que representa la vagina. Nuevamente el árbol representa a la mujer y las larvas que lleva dentro se identifican con el esperma.

Los derechos a la caza de cabezas y los privilegios de la fecundidad hunden sus raíces en la vieja cultura asmat, remontándose a los tiempos legendarios de Fumeripits, héroe ancestral que trazó en la arena el plano de la primera casa yeu y después lo convirtió mágicamente en un edificio.

 

La sociedad asmat.

La casa yeu sirve asimismo de escuela para los jóvenes, quienes aprenden en ella las costumbres de su pueblo. Los cazadores y guerreros afamados cuentan sus hazañas así como las calaveras que tienen.

Las calaveras de los ancestros, objeto de adoración y respeto, se preservan siempre y en todo momento limpias y se emplean como almohadas, puesto que el asmat heredará de éste modo la osadía del familiar desaparecido.

Poblado de la tribu asmat - etnias.net
Poblado de la tribu asmat

Los postes sobre los que levantan sus casas, cubiertos de forma frecuente hasta media altura por la marea alta, llevan el nombre de sus ascendentes.

Las casas cobijan asimismo los bis o bien palos de los ancestros, y ciertos yeus esenciales tienen el privilegio de tener sus bis en el centro del hogar, con figuras grabadas que representan el nombre de sus mayores.

Siendo consciente de que en ellos se planean las expediciones para la caza de cabezas, el Gobierno indonesio ha destruido muchos de sus yeus y palos labrados, y también procura convencer a este pueblo a fin de que se dedique a edificar residencias familiares.

 

Las mujeres en la sociedad asmat.

La pesca es una de las labores asignadas a las mujeres, quienes recogen los mariscos atrapados por la marea baja y recorren aguas profundas con redes que arrastran cara la costa, bajo la atenta mirada de los hombres.

Las mujeres solo pueden entrar en el Yeu en casos puntuales o bien cuando se inaugura una nueva casa ritual.

Cada 5 años se estrena un nuevo yeu puesto que las armazones de madera no resisten por más tiempo el clima tropical. Terminada la construcción, todos y cada uno de los hombres, excepto los que tocan el tambor, se van y las mujeres danzan todo el día allá.

En el centro del enorme corro de mujeres danzantes se pone una estructura cilíndrica de corteza de árbol, de unos dos metros de longitud por unos 60 cm de diámetro.

Tras la danza, las mujeres abandonan el sitio y los hombres vuelven ceremoniosamente, depositando cada uno de ellos en la estructura cilíndrica tantas larvas de cucarachas y escarabajos como haya podido localizar en el campo.

Toda la liturgia es un símbolo de la fecundidad femenina.

La comunidad yeu se complacerá de poder dejar el recipiente lleno de larvas, que extienden sobre una enorme hoja preparada al efecto.

 

Los enlaces matrimoniales.

Si las actividades bélicas están de manera estrecha vinculadas a la religión, el matrimonio y el nacimiento son hechos completamente laicos. La futura madre, atendida por mujeres mayores, da a luz en su hogar. Mientras, el padre abandona con heroica indiferencia el trato con sus amigos.

Los progenitores arreglan los matrimonios teniendo presente la situación económica de cada familia.

Fingiendo tristeza, la madre de la novia lamenta su pérdida y el novio, receloso de su libertad, ensaya un simulacro de escapada.

Frente al matrimonio los asmat fingen sentirse abatidos.

La novia llega con rostro triste a hombros de su tío, y el novio receloso de su libertad, escapa del pueblo, aunque es alcanzado y devuelto para festejar el casorio.
La novia, con aspecto contrariado y adornada con plumas y piel de cous cous, llega a hombros de su tío. Sus jóvenes compañeras aparentan sentirse abatidas, y sentadas con las piernas entrelazadas murmuran el nombre de su amiga al tío.

Los votos de éste por la dicha de los futuros esposos completan el cuadro ritual.

 

Aptitud ante la muerte.

Los asmat expresan en cambio gran dramatismo frente a la muerte.

Las tradicciones bélicas de los asmat están arraigas en prácticamente todos los actos sociales
Las tradicciones bélicas de los asmat están arraigas en prácticamente todos los actos sociales.

En el momento en que un hombre muere, sus esposas y familiares quedan angustiados de dolor. Las esposas se retuercen en el fango frente a la casa, en parte como una manifestación ritual de sofocación y en parte a fin de que el espíritu del fallecido no pueda localizar sus huellas.

Los hombres salen de la casa llevando sobre sus hombros el cadáver cubierto con esteras de bambú. Entonces lo trasladan a la otra ribera del río donde lo sepultan.

 

Cultura y manufacturas.

Imposible la alfarería por la falta de consistencia del barro y la carencia de piedra. Los únicos objetos de porcelana proceden de los cambios que realizan con las tribus del interior.

Los asmat son consumados artistas al tallar la madera, llegando a estar cotizadas sus esculturas y totem
Los asmat son consumados artistas al tallar la madera, llegando a estar cotizadas sus esculturas y totem

Su cultura y también su industria dependen de la madera de los grandes bosques que les rodean, único material base para la construcción de sus casas, armas de caza, canoas, remos y comburente para el fuego.

 

Alimentación.

El primordial comestible de los asmat es la medula de almidón que contiene el árbol del sagú. Primero se machaca el leño y la substancia se mezcla con agua para hacer una pulpa. Entonces se apartan las fibras de la fécula y la harina de sagú se pone en la artesa.

También la pesca capturada a lo largo de las mareas bajas forma parte de su alimentación básica.

Muchas de estas tribus de esta zona del mundo han practicado el canibalismo, en la mayoría de las veces como parte de ritos religiosos
Muchas de estas tribus de esta zona del mundo han practicado el canibalismo, en la mayoría de las veces como parte de ritos religiosos.

Los hombres cazan además de lagartos, cerdos salvajes y casuarios, aves corredoras de menor tamaño que el avestruz, etc.

Como los mejores sagús medran mar adentro, lejos de sus poblados, deben fragmentarse la palma desde la canoa.

Al llegar a la ribera cortan el leño en múltiples secciones, machacándolo a fin de que la médula, al contacto con el agua, se transforme en pulpa. Ésta se somete a un tratamiento para separar las fibras de la fécula y por último tuestan la harina. Primero comen la corteza, después la masa tostada.

En ocasiones se acompaña con pescado, carne o bien verduras, pero lo más sabroso es un bollo de sagú en forma alargada que se rellena de larvas de escarabajo Capricornio, se envuelve en una hoja de palma y se pasan al fuego.

Para asegurarse este manjar los asmat cortan un árbol e introducen al escarabajo Capricornio en su interior a través de orificios practicados en la corteza. Tras unas 6 semanas los huevos del escarabajo se habrán transformado en larvas de unos 5 cm de largo, que se doran sobre tiras de bambú.

Para los asmat el árbol y el hombre son de manera simbólica idénticos. El árbol del sagú es el más semejante al hombre. Las raíces son sus pies, el leño su cuerpo, las ramas sus brazos y el fruto su cabeza.

De ello se infiere que todo animal que come frutos es un símbolo de su pueblo. En el pasado, cuando se preparaban para una invasión, los guerreros asmat empleaban decoraciones el zorro volador, cálaos y cacatúas.

La mantis religiosa tiene asimismo un significado singular. El hecho de que la hembra devore la cabeza del macho a lo largo del acoplamiento justifica la costumbre de la caza de cabezas.

 

 

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