Arapesh

Antropóloga Margaret Mead en Nueva Guinea en la década de 1930 famosa por sus estudios - etnias.net
Antropóloga Margaret Mead en Nueva Guinea en la década de 1930 famosa por sus estudios sobre tribus como la Arapesh. Recuerdos de Una Etnia Con Identidad Propia.

 

Bandera de los Abelam (Papúa Nueva Guinea)
Bandera de los Arapesh (Papúa Nueva Guinea).
  • Ubicación: Papúa Nueva Guinea.
  • Población: Hoy en día no existen nativos de esta etnia.
  • Idioma: Arapesh (de modo testimonial), Tok Pisin
  • Religión: Creencias propias.


 

Dónde habitaba la etnia arapesh.

La etnia arapesh procede de las zonas montañosas de Nueva Guinea en la región este del río Sepik, junto a otras 80 tribus, cada una de las cuales profesa una cultura y un lenguaje diferenciados entre sí.

En la zona East Sepik de Papúa Nueva Guinea se hablan un total de 80 Idiomas de los 847 que se hablan en Papúa Nueva Guinea, el país del mundo con más lenguas - etnias.net
En la zona East Sepik de Papúa Nueva Guinea se hablan un total de 80 Idiomas de los 847 que se hablan en Papúa Nueva Guinea, el país del mundo con más idiomas.

 

Características de los arapesh.

Este grupo étnico llegó a estar constituido por más de 25.000 personas que vivían junto a la costa y las colinas de Torricelli en la provincia de East Sepik, aunque hoy en día todos los nativos que constituían esta comunidad han desaparecido y con ellos el uso de su idioma, el arapesh.

Hoy en día solo algunos adultos procedentes de esta etnia pueden llegar a entender este idioma aunque no llegan a hablarlo. Los jóvenes descendientes de este pueblo, por el contrario, ni hablan ni entienden esta ancestral lengua.

El término arapesh significa “humanos”.

No se dispone de nombre propio para su grupo lingüístico, carecen de unidad política aparte del que forma la propia aldea, e inclusive ignoran los orígenes de su cultura.

Los últimos supervivientes de esta etnia habitaban la árida franja de la cordillera del Príncipe Alejandro.

 

Organización social.

Esta sociedad, cuyos primeros documentos nos han llegado mediante los antropólogos Margaret Mead y Reo Fortune, estaba organizada en dos grupos primordiales, caracterizados por la naturaleza física y las funciones de sus hombres y mujeres.

Margaret Mead y Reo Fortune llegan a la villa Alitoa - etnias.net
Margaret Mead y Reo Fortune llegan a la villa Alitoa.

Su fe en la relevancia de estas divisiones esenciales empapaba todos y cada uno de los aspectos de su vida, como reflejan sus muchos mitos.

La ordenación de los pueblos arapesh reflejaba estos valores dualistas.

El sitio central llamado el agehu, rodeado de piedras ancestrales, palmas y yerbas sagradas, se reservaba para los días festivos y los actos rituales, que así como los campos planos que rodean la aldea, se consideraban Buenos.

 

División entre lo “bueno y lo malo”

Los dos principios de este dualismo básico presentan elementos clave. Por un lado están los hombres, los espíritus, los ñames, los instrumentos y la sangre masculina de la circuncisión. Por otra las mujeres y la sangre femenina de la regla y del parto.

Hombres y mujeres tienen una sangre “buena” y otra “mala”.

La sangre buena estaba asociada a la sexualidad del padre y de la madre, a la observancia de tabúes y a la defensa contra la agresión. La sangre mala estaba vinculada con la agresividad sexual, con la muerte y con el incumplimiento de los tabúes.

La tierra escarpada y rugosa es Mala. Aquí se hallaban las zonas dedicadas a la cría de cerdos, las letrinas, los lugares destinados a la regla y al nacimiento de los pequeños.

De interés..
Los partos debían tenerse fuera del pueblo, pues se pensaba que la sangre era peligrosa.

El sexo era una fuerza potencialmente amenazadora y debía de ser excluido hasta la pubescencia.

Los tabúes que observan los riesgos de la sangre Mala consistían primordialmente en prohibiciones de ingerir ciertos alimentos.

Asimismo, se prohibían otras actividades como cortar leña para hacer fuego o bien romper cocos cuando todavía están verdes.

Para los arapesh un hombre bueno es el que controlaba su agresividad y sus pasiones, era responsable frente a la comunidad, rechazaba comer la caza que había capturado y no comía vorazmente.

Tabúes equivalentes a los que observan hombres y mujeres tras el nacimiento de una criatura, en el momento en que una mujer comienza nuevamente la regla o bien al reiniciar las funciones sexuales y en el momento en que un hombre mata a alguien o bien toca un cadáver por vez primera.

Esculturas realizadas por los arapesh - etnias.net
Esculturas realizadas por los arapesh.

El periodo de la regla se consideraba del mismo modo peligroso. La joven debía irse fuera del pueblo y ayunar todo el tiempo que fuera capaz que consistía por norma general de 4 a 6 días sin comer ni fumar.

Se la friega con ortigas picantes y se introducían un manojo de estas yerbas en su vagina. Todo este ritual tenía como fin hacerla fuerte y ampliar sus senos.

 

Creencias y ritos.

En contraste a otros pueblos, no han hecho ningún intento serio para explicar el origen del universo o bien de su existencia en el planeta.

En el momento en que un hombre abandona a su esposa e hijos para vivir con otra mujer se le considera poseído de la sangre mala, caracterizada - etnias.net
En el momento en que un hombre abandonaba a su esposa e hijos para vivir con otra mujer se le consideraba poseído de la sangre mala, caracterizada por la sexualidad beligerante y la imposibilidad de cumplir con el papel paternal, era un indigente en la sociedad.

Sus mitos resaltaban la relevancia de buscar un equilibrio entre los dos principios sexuales, mencionando a los horribles sucesos que sucederían si solo hombres o bien mujeres poblaran la tierra y a los peligros a que conduce la agresión sexual.

Las actividades masculinas no destinadas al cuidado y protección de la familia, entre las que figuraban la pintura, estatua y deberes rituales eran definidas como situaciones peligrosas, cuyos efectos, como los del sexo y los del contacto con un cadáver, debían ser exorcizados del cuerpo.

Solo tras el exorcismo del paciente crecían los ñames que cultivaba, sus cerdos y los propios hijos e incluso la caza y los animales comenzarían a caer en sus trampas.

Una mujer Buena tenía que tener un papel parecido al de los hombres.

Tras la menopausia, las mujeres quedaban liberadas de la mayor parte de los tabúes relacionados con los riesgos de la sangre femenina y se las aceptaba en los secretos de los hombres.

 

División del trabajo.

El trabajo rutinario preciso para la supervivencia estaba dividido entre los dos sexos.

Los hombres limpiaban las malezas del campo, preparaban las vallas, plantaban y segaban, ponían las trampas para la caza y cuidaban de la cosecha del sagú.

Estructura de una casa arapesh, seguramente destinada a reuniones y actos sociales situada junto a la playa - etnias.net
Estructura de una casa arapesh, seguramente destinada a reuniones y actos sociales situada junto a la playa

Pensaban que las mujeres tienen cabezas más fuertes que los hombres y llevaban sobre sus espaldas pesadas cargas que sostenían con una trabilla en torno a su frente.

Los trabajos de desbrozo, la cocina, la recogida de leña para hacer fuego y la provisión de agua para la casa eran propios de las mujeres.

 

El comercio.

El comercio era un aspecto esencial para este pueblo, independiente en las necesidades básicas de la vida como la nutrición, el vestido y albergue.

Sus intercambios cruzaban las fronteras lingüísticas, extendiéndose hasta el norte de Guinea.

 

Ceremonia de iniciación.

Una mujer y su hijo, ambos de la tribu arapesh - etnias.net
Una mujer y su hijo, ambos de la tribu arapesh.

La separación sexual de los hombres adultos por un lado y las mujeres y pequeños por otra formaba la base de las liturgias de la iniciación de los muchachos.

Esta iniciación tenía dos etapas. La primera era una liturgia privada que comportaba la separación, el escozor con ortigas y una comida ritual de sangre.

Existen similitudes con la liturgia de la pubescencia o “iniciación a la madurez” de las muchachas, pero en este caso se daban dos elementos significativamente diferentes.

A las jóvenes iniciadas sería su esposo quien les daría el alimento, mientras la iniciación de los muchachos lo hacían los hombres del grupo.

Estos elementos, concebidos para basar la relación del joven con los adultos masculinos, eran amplificados en la segunda etapa de la iniciación.

La circuncisión se hacía en grupos de veinte a treinta adolescentes, alineados en filas frente a los hermanos mayores que les golpeaban con ortigas.

Los padrinos cuidaban de los muchachos alimentándoles, poniéndoles cintas en sus brazos y inspeccionando la liturgia.

Dos hombres de la etnia arapesh tocando instrumentos musicales - etnias.net
Dos hombres de la etnia arapesh tocando un tamberan.

Se les muestraban además de esto las posesiones de sus mayores y se les revelaban los secretos de la hombría.

Los muchachos aprendían la naturaleza real del tamberan masculino, instrumento que debían aprender a tocar, pues son ya hombres.

Se les enseñaba las figuras y máscaras de la casa del tamberan y tomaban una comida ritual con la sangre de los ancianos.

 

Ritos y creencias.

Los arapesh creían en dos tipos de espíritus: los marsalai y los seres ancestrales, guardianes y dueños de la tierra del clan.

Pese a la creencia de la tribu en la poderosa oposición entre los dos sexos, la familia arapesh vive formando una unidad, colaborando en las labores al día - etnias.net
Pese a la creencia de la tribu en la poderosa oposición entre los dos sexos, la familia arapesh vivía formando una unidad, colaborando en las labores al día. Las liturgias rituales estaban organizadas sobre las diferencias en las funciones psíquicas y sexuales.

Los marsalai son más bien espíritus terroríficos, asociados en el mito con la agresividad sexual de los hombres. Tienen el poder de generar la lluvia y el viento y de castigar las infracciones en la observancia de los tabúes.

Los arapesh imaginaban a los espíritus ancestrales de color blanco, con poquísimas diferencias personales entre ellos.

Pensaban que viven en los lugares marsalai, cerca de las tierras que habitan sus descendientes y en los viejos árboles del fruto del pan. Asimismo los temen y respetan por una maldición que cayó contra un ancestro y pesa ahora sobre todo el grupo.

Dicha maldición es la causa de la esterilidad o bien de la muerte del embrión en las mujeres y del descalabro de los hombres en la caza.

 

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