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Ainus

Tribu aino - etnias.net
Bandera de los ainos - etnias.net
Bandera de los ainos.
  • Ubicación: Japón y Rusia.
  • Población total:  50.000 habitantes.
  • Idioma:  El 5% habla el idioma ainu aunque casi todos hablan japonés y algunos hablan ruso.
  • Religión: Animismo, algunos son miembros de la Iglesia ortodoxa rusa.

 

Quienes son los ainos.

Los ainos o ainu son una etnia mongoloide japonesa que vive en las islas de Hokkaidō y el norte de Honshu y las islas Kuriles pertenecientes a Rusia.

Son también conocidos como Ezo o Yezo que es una denominación antigua en Japonés. Actualmente son conocidos como Utari que significa camarada.


Desperdigados por las islas más septentrionales del archipiélago japonés, los ainos son un pueblo efectivamente enigmático, cuyos orígenes han dado pie a múltiples especulaciones.

Todo esto dado a la radical diferencia entre su cultura, lenguaje y aspecto físico y los del resto de la población.

Desde antiguamente los nipones trataron de explicar esta peculiaridad con leyendas sobre un supuesto origen divino del pueblo aino. La moderna antropología, en cambio, intenta aportar datos más racionales.

LOS RASGOS FÍSICOS DE LOS AINOS SUGIEREN UN ORIGEN CAUCÁSICO

Su tez es más clara que la de los mongoloides, tienen ojos oscuros y redondeados, pestañitas rizadas y pelo excepcionalmente espeso y ondulado.

 

Demografía.

Sería bastante difícil concretar el número de ainus residentes en Hokkaido, puesto que con la llegada masiva de nipones, los nativos empezaron a integrarse en la nueva sociedad.

Ciertos antropólogos mantienen aún que los ainos han desaparecido como conjunto étnico o bien cultural.

La cantidad de 50.000, quizás quedaría reducida a 10000 ó 15.000 si hubiese que elegir a los genuinamente puros.

La integración de los ainos en la enorme comunidad japonesa ha pasado por instantes frágiles. Además de la opresión colonial del siglo XIX, aún presente en el recuerdo de muchos, determinados grupos de ainos se oponen a la explotación turística de su legado cultural.

Ciertas agrupaciones de ainos denuncian el trato discriminatorio dispensado a su pueblo, por motivos raciales. Las estadísticas oficiales de Hokkaido señalan que los ingresos de las familias aino alcanzan solo el 60% de la media nacional.

El Parque Tokiwa de Asahikawa cobijaba un monumento dedicado a la hermandad entre las dos razas, ainos y nipones. Los autóctonos se sintieron insultados desde el comienzo por semejante monumento, en el que aparecía un aino en actitud sumisa frente a un conjunto de cuatro nipones.

En el mes de diciembre de 1972, al cumplirse el aniversario de la muerte de un legendario héroe tribal, cabecilla de un alzamiento contra los japoneses, un explosivo destrozó las figuras de piedra.

 

Antepasados del pueblo aino.

Encontrar las raíces de su pasado no es empresa simple. Se les ha considerado el resto de una vieja migración europea, australoide blanqueados cuyos ancestros se desplazaron hacia el Norte por la cadena que forman las islas indonesias.

Dato sorprendente
Los descubrimientos arqueológicos apuntan la presencia de ainos en la zona noreste de Hokkaido, nada y nada menos que hacia el año 5000 a.C.

Además de las islas Kuriles y la isla rusa de Sajalín, es en Hokkaido donde se concentra el grueso del pueblo aino.

Se trata seguramente de los restos prehistóricos de un pueblo que habitó la mayoría del el país nipón y posiblemente ciertas zonas de China, ya antes de la enorme expansión mongoloide.

Se ignora por qué razón se hallaban allí gentes de tipo caucasoide, aunque la lengua aino, que tiene poquísimas afinidades con cualquier otro lenguaje, es vivo testimonio de que su aislamiento del gran conjunto original data de antiquísimo.

 

Su economía.

Si visitas algunas vez a los ainos, te darás cuenta que habitan en una zona de clima extremo, fértiles llanuras interrumpidas por espesos bosques y formaciones volcánicas.

Dispone de  veranos cortos, muy calurosos y húmedos e inviernos severos en los que la nieve llega a perdurar hasta 7 meses. Para los ainos la temporada de recolección se refleja en los colores otoñales del paisaje.

El arroz ocupa un sitio preeminente en la producción agrícola de Hokkaido, donde para subsistir a los largos inviernos se cultiva una variedad resistente a las heladas.

En este escenario y desde hace cientos de años, han vivido los ainos dedicados a la caza y la pesca, con cuyo producto cubrían la mayoría de su dieta alimentaria.

 

Historia del pueblo aino.

Desde el siglo XVII se empezó la expansión septentrional nipona desde Honshu, estableciéndose un floreciente intercambio de arroz, tabaco, espadas y objetos lacados por pieles y pescado.

Fotografía antigua de miembros de la tribu aino - etnias.net
Fotografía antigua de miembros de la tribu aino.

Sin embargo, este contacto comercial decayó en simple explotación económica al establecerse en Hokkaido el clan aristocrático mercantil de los Matsumaes.

A lo largo del siglo XIX, el Gobierno nipón aniquiló el poderío de los Matsumaes, empezando una reestructuración de Hokkaido. Los recién llegados se apropiaron de las mejores tierras y crearon reservas, tal y como los americanos hicieron con los pueblos indios,en este caso para los ainos.

Estos se vieron forzados a sobrevivir en territorios prácticamente estériles.

LOS PRIMEROS TIEMPOS DE SU PROCESO DE INTEGRACIÓN EN LA SOCIEDAD NIPONA FUERON MUY PENOSOS

Actualmente apenas existe cien kotan o poblados ainos, siendo su forma de vida por otro lado es completamente japonesa.

Solo contadas aldeas en Shinaoi y Cliikabumi singularmente, han respetado las viejas costumbres, por puros motivos comerciales. Cuando el turismo se transformó en una enorme Industria, los ainos se percataron del interés que sus tradiciones despertaban entre los refinados visitantes nipones y extranjeros.

Al objeto de conservar las esencias culturales se creó en Noboribetsu un centro turístico, donde el forastero puede contemplar las chisei, habituales residencias construidas con tallos, yerbas y cortezas de árbol.

Estas tienen una única estancia la cual está dotada de una sola ventana en el lado oriental y una puerta en el occidental. Además están cubiertas de techumbre de paja.

Estos sacrificios por preservar la cultura aino poco tienen que ver con la realidad de un pueblo, cuyos elementos más jóvenes desean integrarse totalmente en la vida nipona, y que tras la guerra han admitido las formas estadounidenses con tanto entusiasmo como los propios japoneses.

El adolescente se mofa de las costumbres ancestrales de sus abuelos, y los más pequeños solo llegan a conocer enclenques indicios de su pasado pequeño.

Las opiniones y costumbres de otros tiempos no interesan más que a ciertos ancianos y, desde hace cincuenta años, a los antropólogos que han estudiado esta cultura.

 

Religión y creencias.

Con el dulce paisaje de Hokkaido como telón de fondo, los ainos festejan una vieja liturgia en honor de los espíritus fluviales.

Los más ancianos siguen creyendo en los kamui, espíritus presentes en todos y cada uno de los aspectos del planeta natural. Sus vistosas ropas, los bastones curvos para el rezo y la ofrenda del sake son parte de un ritual milenario.

Los ainus, a pesar de que e enecuentran integrados perfectamente en la sociedad nipona, intentan conservar sus costumbres - etnias.net
Los ainus, a pesar de que e enecuentran integrados perfectamente en la sociedad nipona, intentan conservar sus costumbres.

Como hemos dicho la vida de los viejos ainos se regía por la creencia en los kamui o bien espíritus invisibles del planeta natural constituidos por los árboles, plantas, montes, corrientes, aves, animales terrestres.

Todo tenía su kamui, su divinidad y también igual ocurría con el sol y la luna, el mar, la lluvia y el fuego.

El fuego recibía una particular adoración en una tierra castigada por muy duros inviernos y de ahí que se le consideraba un kamui singular del hogar familiar.

La Suprema Antecesora, llamada Fuchi, dueña de las almas de los muertos y sus espíritus, se manifestaba en el fuego del hogar.

Aún el día de hoy, en aquellas aldeas donde se respetan las tradiciones, se recibe al forastero con una liturgia destinada al apaciguamiento de este espíritu. Salpicando el fuego con unas gotas de sake, se dirige una oración al kamui y a continuación, el visitante recibe el cuenco de manos del anfitrión.

De igual modo que debe complacerse a los buenos espíritus, los ancestros ainos dedujeron la conveniencia de exorcizar a los malignos.

Mujer aino - etnias.net
Mujer ainu con el contorno de los labios tatuados.

Al llegar a un pueblo aino, podremos observar a alguna anciana con los insignes tatuajes azules que, tiempo otras, se practicaban en el semblante de las muchachas antes del matrimonio. Es esta una más de las muchas costumbres que las jóvenes generaciones desdeñan.

Podremos ver como los jóvenes visten ropaje de estilo americano, lo que señala la general implantación entre los ainos de la occidentalizada cultura japonesa.

Ante cualquier desgracia, los campesinos proferían horribles amenazas contra el kamui, gritando y blandiendo sus espadas en la ribera del mar, frente al punto donde alguien se había ahogado, o bien lanzando insultos a los restos de una casa reducida a cenizas por algún incendio.

Se atribuía a estos espíritus malignos el origen de determinadas enfermedades, realizándose difíciles exorcismos para sanar a los enfermos.

La general inocuidad de estos ritos se truncaba algunas veces con ciertos métodos un tanto extremados.

Así por ejemplo, el tratamiento de los epilépticos incluía la purificación por medio del fuego, seguida de la inmediata inmersión en un río hasta provocar la pérdida de consciencia del enfermo.

En sus relaciones con el planeta espiritual, los ainos usaban unos fetiches llamados inao, consistentes en varas de sauce cuya corteza raspaban con gran habilidad para formar ornamentales conjuntos de rizos a lo largo del tallo.

EL INAO PRESENTE EN TODOS LOS HOGARES, SE ADORABA CON TANTO RESPETO COMO LA CRUZ ENTRE LOS CATÓLICOS.

En frente de la pared orientada al Este de las casas se hincaban múltiples bastones en el suelo, formando un “coto sagrado” con las calaveras de las piezas cobradas en las cacerías. Asimismo se plantaban estos inao en cualquier sitio asociado con una divinidad, ya sea junto al mar, cerca de los arroyos o bien en los cruces de caminos.

De las historias y leyendas de la etnia aino sobresale la historia de leyenda del oso enorme, de manera oportuna llegado del cielo para salvar al pueblo a lo largo de un periodo de gran carencia.

 

La liturgia del oso.

Como ejemplo de las peculiares creencias de este pueblo se encuentra la que dice que, conforme a una historia legendaria, un enorme oso llegado del cielo salvó a los ainos de la muerte por inanición.

De año en año, al llegar la primavera el pueblo agradecido acostumbraba a festejarlo mediante una increíble liturgia, la iomande, que duraba 3 días a lo largo de los que se sacrificaba un oso, capturado siendo pequeño por los campesinos y criado en cautividad para este fin.

Ainus de Hokkaido - etnias.net
Ainus de Hokkaido

Las mujeres preparaban gominolas y todo el planeta vestía sus mejores galas. Bailes y cantos rítmicos alaban la llegada del instante cima de la iomande en que se conducía el oso a un sitio sagrado, llamado de la Gran Ofrenda, tras pasearlo por la aldea.

Atado a un poste, el animal recibía una lluvia de flechas artísticamente decoradas y con la punta roma, cuyo único objeto era excitarle sin ocasionarle daño. A continuación, un anciano le disparaba una afilada flecha de bambú y por último se asfixiaba el oso entre 2 postes.

En la mitad de las oraciones generales por el espíritu que partía al más allá, se procedía a desollar el cadáver y los jóvenes se bañaban la barba en la sangre aún caliente del animal.

La aldea entera participaba del festín, encabezado por la cabeza del oso, puesta entre dos inao y rodeada de ofrendas consistentes en golosinas, nueces y algunos guisos singulares.

De este modo se hacía llegar el espíritu del oso al planeta divino, con la reverencia y gratitud del pueblo aino. Si bien la iomande ha pasado ya a la historia, hoy día se efectúa una versión cambiada del Festival del Oso, (sin sacrificar ningún animal por supuesto) para regocijo y admiración de los turistas.

 

Su cultura.

El japonés es el día de hoy la lengua de los ainos, solo los ancianos fieles a sus tradiciones y estilo de vida usan generalmente su idioma.

Por carecer de escritura, sus creaciones literarias, historia y rezos, se han trasmitido siempre y en todo momento por vía oral.

Antes que llegasen la radio y la T.V., el único esparcimiento tras una dura jornada eran las asambleas vespertinas, donde se narraban historias y se cantaba en familia.

Su poema épico más conocido es el Yukar, en el cual se cuenta una extensa colección de leyendas sobre las andaduras de los ancestros en un planeta poblado por espíritus y fieras, la trágica historia de los humanos que desearon imitar a los dioses y las aventuras de los kamui, llegados a la tierra bajo los más diferentes disfraces.

Pasado y futuro se dan la mano en un habitual escenario aino.

Así en ciertas aldeas siguen construyéndose las tradicionales residencias de tallos, yerbas y cortezas de árboles, con techumbres de paja.

Algunas ancianas son vivo testimonio de una de las costumbres más conocidas, el tatuaje femenino.

A las pequeñas se les acostumbraba a practicar un extenso tatuaje azul en torno a la boca. El dibujo se grababa con una punta de cristal volcánico o bien un cuchillo fino, frotando a continuación las heridas con ceniza de cortezas de abedul, lo que le daba su propio color azulado. Esta tarea, efectuada en 3 fases, acostumbraba a estar al cargo de una tía o bien abuela materna. La finalización del tatuaje coincidía con la mayoría de edad de la chavala.

A fines del siglo XIX, el Gobierno nipón prohibió la práctica de esta costumbre, por considerarla bárbara, si bien se prosiguieron efectuando tatuajes a lo largo de bastantes años.

 

Fuentes y referencias.

 

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